viernes, 11 de septiembre de 2015

Oyendo un nocturno de Chopin

Hoy es aún mi tiempo, tal vez una de las últimas noches
donde pueda oír un nocturno de Chopín.

Soy un hombre mecánico, con ritmo temporal
en mi estructura osteológica y en la función de mis arterias,
y tan sólo me resta ennoblecer los sucesos errantes de mi psiquis
por las venas con tufo a sangre accidentada,
a sueños carcomidos por la abulia,
a eternidad sin gloria,
como tristes historias de amor de drogadictos.

Crear frases cordiales para los solitarios,
y ser también como ellos un hombre nocturno
acostumbrado al coro impertinente de los grillos.
No  desangrarme más
rastreando las notas de algún violín muerto de amor.

Estoy junto a la vida, amo lo vivido,
cerca de los recuerdos —grandes blanqueadores de mi alma.
Pero pasaron muchas lunas,
y a montones apiño escombros de mi empeño,  
y se vuelven los árboles más débiles, como mi madre,
aunque la noche sigue tranquila hacia su lecho helado.

Voy cayendo a la tierra como una semilla con alas,
en búsqueda poética de hundirme en surco fértil,
y un temblor de retoño se extiende por mis ramas,
y cada día saco fuerzas de mis hojas muertas,
del crepúsculo —cofre de mis íntimos secretos.

Y en una de estas noches de brillantes estrellas
descargará el destino su furia sobre mí.

lunes, 7 de septiembre de 2015

El poema insurrecto


Siempre desciende abstracto sobre la médula del brío,
sobre el clamor del verso inexistente, sobre la súplica del estro,
sobre las teclas del ordenador, sobre el coraje,
deslizándose con el tiempo hacia el recóndito vacío.

En la eventualidad de su germinación
se observan sepultados casi siempre
todo su ritmo, con todas sus verdades,
bajo la yerma sustancia del abismo,
donde casi como la nada se percibe.
 Alguien lejano sufre. Se ahoga en su carencia;
y esa agonía de lo insulso, impone su mensaje de eutanasia
en la quimera del pasado, en la ruina del intento fallido.
Entonces el espíritu ya nada sabe de esplendores
y nada más comprende. Se nutre de codicia
atada a los residuos del talento,
y no logra sino arrear a todos los pájaros de su sueño,
agotarlos en su propia pobreza,
donde cansados van de a uno pereciendo.

No se crea la luz con voluntad,
ni en el fiero combate con las duras palabras,
ni en la exclamación vigorosa de los adjetivos,
ni en el asalto a lo sutil,
ni en la fascinación por la simbología;
menos aún,
en el extravagante grito de las metáforas.

El poema es un galope hacia el miedo de perder la cordura,
es un miedo que escucha lo que no ha dicho todavía,
es un miedo tembloroso que sigue y sigue
hacia el fuego que llama,
hacia la luz que el mismo miedo predestina.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Retorno

Retornar a las mismas aguas estancadas,
a la misma llaga que nunca cicatriza,
con la certeza de que el cuerpo
sigue sumado fríamente
a los giros orbitales del planeta.  

Aunque, pensándolo bien,
no se trata, precisamente, de un retorno
sino de una huida abortada.

Para entenderlo mejor:
se trata del despertar
de un sueño que no veía lo distinto. 

Para entenderlo mejor todavía:
se trata del despertar cautivo  
luego de soñar el cautiverio.

Retornar a la insensatez
de buscar en el lugar ya registrado.


viernes, 28 de agosto de 2015

Tu búsqueda es como un taxi

Es tu búsqueda como un taxi,
se nutre de infinitos viajes ,
de conversaciones con cortes súbitos,
de observar con atención los semblantes
para evitar depredadores,
de aprender de memoria los nombres de las calles
para acortar distancias
y ganar tiempo.

La búsqueda se nutre
de humildes metas.

Hasta que el taxi, poco a poco,
se va desvencijando
de tantas vueltas y destinos,
de tanto repetir las experiencias,
de tanto hábito.


sábado, 22 de agosto de 2015

Fragilidad del amor

Mil veces extraviaste en el camino
el rumbo de la dicha; prometiste
amarme en los reveses del destino,
una lluvia de sol me prometiste.

Otras veces, tu piel, en el apego,
abrasaba la loca fantasía,
abrasaba mi gris melancolía
el manto de tu luz y puro fuego.

Hoy veo en el jardín la eterna rosa
sostenerse regada en la frescura
de las noches serenas, la ternura.

Pero persiste en mi ebriedad celosa
el miedo de tenerte y no tenerte,

el miedo a la mañana de perderte.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Radio Penitenciaría

¡Buen día, presidiarios!
Os habla el Gran Perverso,
con la misión perpetua
de insuflaros aguante,
ánimo y perspectiva.

Abrid vuestras ventanas
y ved el alto muro
(el gran triste amarillo),
freno de toda dicha
y de toda mirada.

¡Vamos! ¡Vamos! ¡Arriba!
Erguíos, observad
más allá de los muros
el cielo, el sol, los pájaros,
la ansiada libertad.

Tú, marica, el último
de las dos mil ventanas:
saluda a tus cochinos;
exígeles en público
que cumplan las promesas
dadas en el instante
de la gloria al señor
de los cielos eróticos;
que cumplan estos chanchos
la palabra de amarte.

Tú, ciego violador,
muéstrate penitente,
contrito y di “jamás
repetiré mi crimen”.
Ella sigue su vida,
y observa las ochavas
con su temor a ti.
Saluda, da el ejemplo.
Levanta tu oración
con descaro real.

Drogadictos, ladrones,
verdugos de inocentes,
engendros desviados,
envidiosos, lascivos,
psicópatas del canto,
ruinas de la esperanza,
criminales de sueños,
cangrejos de la gloria,
crónicos mentirosos:
¡salid de vuestro encierro!

Abandonad por hoy
la reclusión del yo.
¡Todos a idealizar!
¡Todos a sonreír!
¡Todos a la emoción!

La mañana es pura,
la vida aún es vuestra
—el futuro también—,
y es vuestro el cielo, el sol
del hombre que está libre.



martes, 11 de agosto de 2015

La rosa



Radiante está la rosa en una esquina,
como una reina en cuyo trono exhala
halo y fulgor en la apacible sala,
desbordante tersura femenina.

En el jarrón reluce matutina
con rojos pétalos la ardiente gala,
mientras la luz en gradación avala
la majestad de estética divina.

Arrogante en el tronco cercenado
ignora todavía el desconsuelo
de hallarse en los dominios de la muerte.

El sueño de vivir, cuando truncado,
aunque guarde su rojo terciopelo,
repite de la flor la misma suerte.

Del amar la existencia


Como muchos, yo amo la existencia;
es decir, mi vida en la vida,
el enigma rebelde de la realidad,
el paisaje que surge azul en tu pupila,
el amor que apantalla las nubes del hastío,
la sabia plenitud de mi locura
(que no he podido aún mostrar al mundo),
los límites opacos del aprendizaje,
el duro aprendizaje de la opacidad,
las preguntas del niño azorado ante el místico misterio,
la canción de su cuna,
la lámpara que baja a las cavernas de mi espíritu
y sube apagada porque me han visto descubierto,
la harina, el pan, a los que comen con el pan,
el asombro que nace en cada amanecer,
la risa involuntaria, la espontánea
(recuerdo de otra risa con causa poderosa),
la cuerda que te ahorca sin matarte
(que ahorca y se desata),
el intento de comprenderme antes de morir.

viernes, 17 de julio de 2015

Federico García Lorca

I.- Al poeta en su gloria eterna

Esta noche, alma en pena,
aúllas con el aullido
de las balas asesinas,
sin mortaja y sin destino.

Regresas de los celestes
aposentos del olimpo,
como pluma desprendida
de pájaros peregrinos.

Al frío de la intemperie
y a la luna de testigo,
para cantar tus endechas
como un gitano legítimo.

En tus pérgolas morunas,
es culpa de aquel martirio
que los jazmines se duerman
eternos como el olvido.

Ah, poeta de los valles,
verdes valles granadinos:
es tu sudario la gloria
por los siglos de los siglos.



II.- A España en su eterna infamia

Pero..., ¿qué has hecho, España, con tu estirpe,
en noche de mayor melancolía,
de cantes jondos tristes, de poesía,
clavando sin piedad su corazón?

¿Cómo has hecho? y ¡cuán rápido lo hiciste!
La musa hacía rato que lloraba
sobre el cuerpo arrojado que sangraba
con la boca entreabierta en roja flor.

En qué descuido, España, te perdiste.
Las bestias embistieron los poblados,
destruyeron los códices sagrados,
desprovistos de humana compasión.

Hondas señales truncas para siempre.
Sones de viejos patios de Granada,
donde una voz exhuma emocionada
romances de pasión y eternidad.

Andalucía sufre con el mundo,
¡ay!, madre negligente, haber perdido
al hidalgo poeta, al investido,
al único aristócrata español.