lunes, 29 de febrero de 2016

Se hizo tarde


                                                                     

Es tarde para el eco de tu risa,
para abrir cada día las ventanas
e iluminar tu cuerpo con el sol.

Estás tan lejana como tu cuna;
y yo, solo como un candado,
como un caballo muerto.

Una triste palmera flota
sobre tu dura ausencia
frente a la inmensidad de mi desierto.

Hoy es uno de esos inquietos días
cuando el alma es ala desplegada
a la ingenua locura de los vientos.


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