jueves, 31 de diciembre de 2015

Observando un árbol


Serenidad del árbol
en la noche sin brisas,
como si la muerte ejerciera
su inapelable encanto,
su dulce tentación traidora.

Etérea quietud de los follajes.
La sombra es una jaula de la luna
vacía de gorjeos.
Todo es recóndito y ausencia
en la tumba de pájaros.

Surcando, el alma,
ese efímero entorno,
aspira la absoluta calma,
la tiesa imagen,
y admite la mística hipótesis
sobre la eternidad.



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