viernes, 5 de febrero de 2016

Chasco de la casualidad




Había deambulado solo aquella noche,
singlando mar afuera
en búsqueda de islas con tesoros.
Llegué a un bar atestado
donde me aposté en una esquina
para lentamente beber mi manija de chop.
Veía rostros bellos en la barra,
garbosas féminas con las piernas cruzadas.

Giraba su cabeza hacia allá y hacia acá,
parecía abarcar todo el salón
mientras tomaba a sorbos lentos su champaña.
Se hizo visible para mis ojos:
mi centro de atracción.
De golpe era toda ella refulgencia:
su mirada, su sonrisa, sus gestos.
Sólo borrada a cada tanto
por el humo, el gentío, las luces de colores.

Su sonrisa buscaba aquí y allá.
Hermoso rictus sobre el gel de la lujuria,
grandes senos hirientes y recónditos,
voluminosa cabellera que reía lánguida,
boca toda brillosa y húmeda y sonriente.

De pronto, la mirada
se proyectó provocativa
muy muy muy cerca. . . ,
pero no sobre mí.


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