jueves, 3 de enero de 2019

Barrabás


En la taberna, en soledad juiciosa,
aún estremecido ante el terror
de ver su vida frente al estertor
ciego que reclamaba eterna losa,
revive los detalles donde, impío,
el pueblo repetía: «¡muerte!, ¡muerte!»;
y disfruta la estrella de su suerte,
fruto de la balanza del gentío.

Mientras cruza el Mesías, coronado
de espinas, con la cruz y el ajetreo,
discurre Barrabás del Dios hebreo:

«Triste mártir que muere inmaculado;
que perdonen su vida yo querría,
¡aunque jamás a costa de la mía!»


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