viernes, 30 de octubre de 2015

Elogio de las cucarachas


Audaces blatodeos que pillan los detritos,
ocultos en la noche;
llegan acumulando en la memoria
pisadas de desprecio, repulsa de los hombres,
la vil persecución.

Llevando la ataraxia, el tozudo designio
en firmes cromosomas,
absorben los diluvios de venenos,
se entregan a la muerte, y surgen más curtidos
en la resurrección.

Tenaces como el virus, avizores, estoicos,
se prenden a la vida;
y en canto de pasmosa realidad,
imponen el empeño, la meta irrevocable
de vencer la extinción.


lunes, 26 de octubre de 2015

Claudio

                     
                                   Emperador del Imperio romano desde el 24 de enero 
                                              del año 41, hasta el 13 de octubre del año 54.

Aquí estoy, con mi grito poderoso,
en el año catorce de mi reino,
ensalzado por muchos, infamado por pocos
(los que urdirán mi muerte).

Ciertamente, el terror continuo
me habita como la imagen
de una horda extranjera y asesina.
¿He sido un mal emperador?

Con los ojos censores de mis antepasados
subo, abrumado con mi bárbaro miedo,
sobre mis castigados hombros
secuelas de una Roma licenciosa.

¿Dónde se encuentra Mesalina
fraguando sus excesos?
Oigo incesante sus conspiraciones,
su dádiva carnal a los traidores.

Los patricios otean las amplias galerías,
los oscuros jardines del palacio;
huyen de mis certeras órdenes
e insobornable mal carácter.

¡Prefieren el placer con los eunucos!

Los libertinos jóvenes, ¿qué fueron?,
se esconden tras las dóricas columnas,
mientras las vírgenes abandonan sus cítaras,
y acometen ansiosas tras la cópula.

Los guardias son estatuas inmoladas
a quienes no se siente respirar.
¡Ay de mí!, si la paga no perciben a tiempo:
sus dagas se hundirán en mi esperanza.

Sufro los mil achaques de la senectud.
El veneno en mi sangre cumple la profecía,
mientras los comediantes se deleitan
en las irreverentes danzas.

¡Angustia del poder! Con suerte llevarán
los dioses en sus brazos mi alma,
y hoy olvido a los hombres,
la ingratitud de sus innobles actos.

En mi lecho de enfermo, luego de tanta gloria,
soy el venado de la cacería,
aspiro el aire amargo de la conspiración,
sorbo el veneno de Agripina.

¡Guardias, venid! Que el más avaricioso
de los traidores del imperio apure mi partida,
apresure la infamia, y apremie la memoria
eterna, ¡Claudio!, de mi nombre.



miércoles, 21 de octubre de 2015

Ya no eres mía

No eres mía, ya no eres;
te he perdido en mí,
aunque mis ojos no te pierden,
aunque en las noches te acompañe

cargado de recuerdos testarudos;
te he perdido,
como a la vida,
el último crepúsculo.

 
Aún veo las puertas
entornadas de la sensualidad,
mas el infiel momento me detiene y apaga
las luces una y otra vez.

Deberías, entonces,
herirme en mi profunda vanidad,
arrancarme toda esperanza de tenerte,
hundirme en la más honda soledad.

Sólo podrá salvarme
el deseo animal de recobrarte.


miércoles, 7 de octubre de 2015

Rastreo de mis causas históricas


Desde siempre quise conocer las maquinaciones
que me hicieron tan penosamente humano,
los hilos de Ariadna que se soltaron
en el intento de encontrar mi alma tesea,
aquellas hecatombes que arruinaron mis fantásticas ciudades,
las cuitas de la nurse que crearon mi alma complaciente,
las seductoras palmadas ante mis ingenuos actos de justicia,
las perdidas y secretas razones de la caída
de mi adolescente imperio romano,
la fuente de la cicatriz del ciervo
que anda deambulando por mis páramos,
el robot con mi cerebro que ansío ser en el tiempo infinito,
las causas de esta herida que sangra y sangra y sangra
como un río de versos sin mar.