miércoles, 21 de septiembre de 2016

Niño anónimo muerto en guerra


Naturalmente su muerte la calle ha olvidado;
la acostumbrada actividad mercante,
tornado a la entropía del olvido.

Yo que tengo a mi niño inanimado en el recuerdo,
sé lo tenaz que es avanzar por la vida
viendo cómo se esfuma su imagen de luz fresca,
el nítido vocablo de su nombre.

Solo conozco su cadáver en brazos de su padre:
en la foto se huele el aire chamuscado,
el rastro polvo  del misil,
la momificación de la esperanza.

Desconozco sus datos personales,
las anécdotas familiares,
el tono de su risa;
aquí en el hemisferio sur,
en la charla dominical,
unos pocos lo han desaprobado.

Los detalles de la noticia son muy vagos,
aunque su ensangrentado cuerpo
con claridad reclama a la más íntima
codicia de los buitres.

Yo lo recordaré sin duda alguna
en la zona mental de los recuerdos tristes;
y siempre sentiré que su partida
fue una canción de enérgica protesta.

Me haré a la idea de su alegría infantil
y un corazón que crecía a pesar de los estruendos;
que dejó de latir súbitamente,
en tanto se perdía su nombre para siempre.

Aunque su nombre es lo de menos.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Soledad de hermano


Éramos muy unidos.
En las noches de invierno
dormíamos bajo una misma manta.

Mi hermano —niño todavía— ha muerto
hace ya casi cincuenta años.
Mi corazón sigue latiendo como si nada.


martes, 14 de junio de 2016

Pesadumbre de la luz


Esta cruz, este gólgota insalvable,
este paraje frío de lo adverso,
este dolor orgánico del verso,
esta angustia de meta inalcanzable,

este fluir de sangre detestable
donde mi pulso hoy se encuentra inmerso,
este mar donde reina un dios perverso
y me asfixia en su fondo inescrutable...,

es el calvario donde marcho herido,
aunque mi sueño sueña todavía
en la llanura de lo ya sufrido,

aunque oteo la cumbre día a día,
y aunque mi corazón ha florecido
en el vasto jardín de la utopía.

miércoles, 27 de enero de 2016

No admites agobio en este día


Muchos están tratando de perder su desdicha
en la blindada bóveda de un banco,
y persiguen a toda costa
pináculos de gloria para sus pies de barro,
amistades amables
que le allanen los surcos del hastío,
encadenarse a la felicidad 

de los metálicos elogios.

Mas tu no admites ansia en esta tarde, 
ni lágrimas de almas confundidas.
Encuentras lucidez y plenitud
en los amantes que se besan
en cada bocacalle de la ciudad urgente,
ángeles en la risa del mendigo,
la levedad del polen queriendo inexistir
en este otoño ocre de corazón sonámbulo.

Hoy colectas contento acumulado
sobre tu pecho amante
donde tu amada huele a primavera.
Hoy recoges nenúfares del agua donde abrevas
lánguidas mariposas besadas por el sol,
algarabía, sólo algarabía gravitante.

Te trepas a los árboles inmensos de la vida
para escuchar los trinos que aprueban tus oídos.