lunes, 17 de octubre de 2016

Separados luego de un gran amor


Al separarte después de haber vivido un gran amor,
el manto edénico de la dicha cae sombrío
sobre los restos de fantasías que te restan;
y todos los idílicos minutos, esos sostenidos abrazos,
esos besos profundos como el pozo de la celeste bóveda,
esas risas que espantaban las dudas secretas de la pasión,
esos furores de lujuria, esas valentías para cazar
a las bestias de tu corazón, todos los rayos
que nacían de tu cuerpo fuerte, joven y hermoso,
para encender las mechas de los sueños,
de los proyectos más audaces. . . ,
se encuentran hoy detrás de un espejo patente
donde hace su triunfal aparición el rostro envés,
el Jano de tu historia.

La memoria se vuelve sideral para exponer
los cuantiosos atajos que pudieron obviar el infortunio.
¿Recuerdas que los pájaros volaban en círculos esféricos,
violando todos los principios de las ciencias zoo-lógicas,
y esperaban como electrones crear la eternidad de la aventura,
el síndrome de la felicidad, el mundo de tu boca?
Vigilando que no se vacíen nunca los placares,
ha ganado tan solo ser testigo de libros esparcidos
y almohadas tiradas por el suelo.

Cuando se ha amado mucho tiempo, separarse
es una hiena que empieza a morder
y arrebatar la carne del tiempo disfrutado:
los mágicos momentos en que te quitabas la ropa,
la minuciosa cábala de las noches de amor,
y hasta tus descorteses arrebatos de cólera
(que hoy suenan a graciosas niñerías).

Cuando llega el avión que ha enfrentado la tempestad,
me encuentra sin expectación en el aeropuerto,
con tanta gente circulando vanamente a mi alrededor,
con el pasaje en mano para un distinto vuelo
(un largo vuelo en soledad, dolorosamente sin ti),
para otras tempestades, para otros cruces de mar,
sin posibilidades de una venia, de un retorno,
de una piedad a mi derrota.



miércoles, 21 de septiembre de 2016

Niño anónimo muerto en guerra


Naturalmente su muerte la calle ha olvidado,
donde la acostumbrada actividad mercante
ha vuelto a la entropía del olvido.

Yo que tengo a mi niño inanimado en el recuerdo
sé lo tenaz que es avanzar por la vida
viendo cómo se esfuma su imagen de luz fresca,
el nítido vocablo de su nombre.

Sólo conozco su cadáver en brazos de su padre;
y en la foto se lee el aire chamuscado,
el polvo rastro del misil,
la momificación de la esperanza.

Desconozco sus datos personales,
las anécdotas con sus amiguitos
el tono de su risa;
y este hecho me llega
aquí en el hemisferio sur,
donde unos pocos lo han desaprobado
en la mesa dominical de las familias.

Los detalles de la noticia son muy vagos,
aunque su ensangrentado cuerpo
se extiende a la más íntima
codicia de los líderes.

Yo lo recordaré sin duda alguna
en la zona mental de los recuerdos tristes;
y siempre sentiré que su partida
es una canción silenciosa de enérgica protesta.

Siempre me haré a la idea de que su alegría infantil
tuvo detrás un corazón que crecía a pesar de los estruendos;
y que dejó de latir súbitamente,
en tanto se perdía su nombre para siempre.

Aunque su nombre es lo de menos.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Soledad de hermano


Éramos muy unidos.
En las noches de invierno
dormíamos bajo una misma manta.

Mi hermano —niño todavía— ha muerto
hace ya casi cincuenta años.
Mi corazón sigue latiendo como si nada.


martes, 14 de junio de 2016

Pesadumbre de la luz


Esta cruz, este gólgota insalvable,
este paraje frío de lo adverso,
este dolor orgánico del verso,
esta angustia de meta inalcanzable,

este fluir de sangre detestable
donde mi pulso hoy se encuentra inmerso,
este mar donde reina un dios perverso
y me asfixia en su fondo inescrutable. . . ,

es el calvario donde marcho herido,
aunque mi sueño sueña todavía
en la llanura de lo ya sufrido,

aunque oteo la cumbre día a día,
y aunque mi corazón ha florecido
en el vasto jardín de la utopía.

miércoles, 27 de enero de 2016

No admites agobio en este día


Muchos están tratando de perder su desdicha
en la blindada bóveda de un banco,
y persiguen a toda costa
pináculos de gloria para sus pies de barro,
amistades amables
que le allanen los surcos del hastío,
encadenarse a la felicidad 

de los metálicos elogios.

Mas tu no admites ansia en esta tarde, 
ni lágrimas de almas confundidas.
Encuentras lucidez y plenitud
en los amantes que se besan
en cada bocacalle de la ciudad urgente,
ángeles en la risa del mendigo,
la levedad del polen queriendo inexistir
en este otoño ocre de corazón sonámbulo.

Hoy colectas contento acumulado
sobre tu pecho amante
donde tu amada huele a primavera.
Hoy recoges nenúfares del agua donde abrevas
lánguidas mariposas besadas por el sol,
algarabía, sólo algarabía gravitante.

Te trepas a los árboles inmensos de la vida
para escuchar los trinos que aprueban tus oídos.