1
Amanecí despierto
con la mirada en la tristeza y el fragor
del combate terrible con las horas.
Cansado de la lucha insomne,
depuse el odio por su ausencia,
me saturé de duendes,
los ensueños saltaban y chillaban,
venían pájaros a poblar mi memoria
donde ella temblaba como una novia tímida.
En mis brazos, sus ojos
vertían la quietud de los recuerdos,
la libertad que todo lo abarcaba:
las plumas de su risa,
sus cabellos girando al ritmo de mi evocación.
Hasta que el día me retuvo
con sus rayos de aliento.
Pero ella no está.
2
Cielo, tierra, demonios, dioses:
no recojan mis quejas, son lluvias del dolor,
de las felicidades compartidas.
¡Cielo, tierra, demonios, dioses:
no más mentiras, ella sigue amándome!
El pan de la mañana
busca su mano.
¿Qué importa que la noche haya muerto
sin ella,
haya nacido el día
sin ella?
Sé que su mano busca el pan de la mañana.
Lo perdido no quedará perdido.
No moriré en la soledad,
porque su pena es tan cobarde como la mía,
porque se escucha el eco de íntimos galopes,
porque la puerta está de par en par abierta,
porque cuando me olvida
no sabe lo que dice.
Cadáver exquisito de Noches Poéticas en Caos Club
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*Las manos.*
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