jueves, 20 de junio de 2013

El último canto


Persigo confundirme con los anélidos del cielo,
retorcerme en el lodo de las nubes, en la voraz espera,
beber la lluvia de los dioses
que desde siglos nunca más cayeron
sobre nosotros,
deglutir una estrella oscura que gira en vano,
los misiles de un caza
con la lista de todos sus cadáveres,
perforar el ozono con mi hambre maldita,
asumirme asesino de mí mismo
para volarme el alma inútil.

No más ofrenda a los misterios, no más suplicio;

tan solo apologías del fracaso,
tan solo vanagloria de mis dioses,
tan solo serle infiel a mis jazmines.
Nunca más la apetencia de gloria del baboso.
Desde mañana aplaudiré la ruina
de mi templo romántico que hoy destrozaré.

Será mi canto último 
la melodía 
ronca que arranque afrodisíacos a los astros, 
blasfemias a los sueños,
escupitajos a la inspiración encorsetada,
desprecio al ritmo acentual de la metáfora.

No tendré nada más que abandonar; y
a libre de mis alas
me adaptaré como gusano de los cielos.