miércoles, 29 de mayo de 2019

Los umbrales de tu mundo


Has alcanzado los confines de tu mundo,
los páramos resecos, sin árboles, sin agua,
con los frágiles pies descalzos.

Muchos hombres caminan a tu lado, codo a codo,
y buscan como tú, con impaciencia,
descansar de las dagas, las agujas,
en tanto observa cada quien el espejismo de su ruina
y soporta el derrumbe de sus planes.

Ves a lo lejos las regiones pródigas,
en donde la esperanza se besa con lo absurdo,
y las imágenes malignas inician su danza
mientras llaman a gritos sus cantos subyugantes.
En sus voces rotundas siempre expresan
más de lo que promete la piedad.

Alucinado por la sed, abatido y casi ciego,
intentas el cruce del páramo,
esa cruel caminata con los pies arrastrados
que abruma, desalienta,
y hace que muchos quieran para siempre
dormir en la intemperie.

El reo libertado

Era una tarde gris y lloviznaba
y el hombre se encontraba libre frente al penal.
Antes de encaminarse hacia su casa volteó el rostro y masculló:
—¡Basura humana! —mientras recordaba el acoso que padeció
a manos de los guardiacárceles durante tres años y cinco meses.

Cuando llegó a su casa, el cielo estaba sin estrellas, lúgubre,
y la llovizna seguía cayendo frente al farol del porche,
pero su mujer encendió la noche con una gran sonrisa.
Bebieron varias latas de cerveza y luego hicieron el amor
y charlaron un par de horas, donde él descargó toda su pena;
y mucho después que ella, él se quedó dormido y soñó
que se encontraba nuevamente en el penal, en su celda,
en tanto la misma llovizna triste caía detrás de las rejas;
y llamó entonces a los gritos a los guardias pidiendo explicación,
y uno de ellos, el más infame, con voz odiosa le espetó:
—De este agujero no saldrás
hasta que pagues todos tus delitos,
hasta que cumplas toda tu condena.

A partir de ese instante, de nuevo el tiempo se detuvo 
muchos años en ese reino sin amor, 
lejos del cuerpo tibio de su amada.

jueves, 23 de mayo de 2019

Quince años

Invisible al espíritu,
lejos del aire mustio del otoño,
la muerte está perdida, sin alarde,
huyendo hacia los mundos marginales,
aturdida y vencida
por la fuerza arrogante,
por la mirada que irrumpe en la belleza,
por el gallardo cuerpo, entonces derrotada.

Temprano es el destino de su risa,
gozoso en el recreo de la tarde,
soñando el horizonte de un mar emocionante
henchido de aventuras por vivir
que el mundo en él despierta.

Respira el aire del que nunca duda
en entregarse al ocio y a cantar
por los vastos ramales de las calles,
sin nada que atender en el resto del día,
librado de infortunios,
impune a los errores impulsivos,
al ocio irresponsable
y a las malas palabras.

En las inmensas noches sumergido,
—reino con claves íntimas—,
de insensatez cubierto ante el amor
 (¡aclamado por todos sus vasallos!),
despierta en las mañanas distraído,
arrastrando tras sí su interminable juventud.