sábado, 5 de diciembre de 2015

El vuelo irrefrenable


El ave no desprende la tristeza
para volar la ruta milenaria.
Surcará con su instinto
de alturas emigrantes este día;
y mañana tal vez será
graznido excelso, canto y alboroto,
sobre un trémulo gajo en la laguna.

Quizá sonría el corazón de nubes
y enardezca de música el estío.

No pretende el adiós en la ventana,
ni aquellos gritos hondos, dolores de volcanes,
que nacen de la inquina a su plumaje.

Quiere seguir las voces misteriosas
en las honduras cálidas,
para observar sobre su pecho antiguo
el brote de la sangre
sobre su corazón abierto,
llevando el sueño en paz consigo misma
y con la noche.

Así, pues, suéltale las alas,
y deja que las horas se aturdan de su nombre,
que te prometa albores, perfume de la rosa
en sus jardines mudos; que me prometa amarte
como flecha clavándose en tu lecho.

¿No ves que el ave grita el tiempo helado?
¿No ves, cercana a tu silencio,
urgida de su vuelo irrefrenable,
saciando ya de ruegos tus oídos?

Quiere partir,
quiere sentir el vuelo,
pues solloza en la torre de mi súplica
no haber volado todavía.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Helena de Troya


Volviendo Menelao de la guerra,
le transmiten que Helena fue raptada
por los hombres de Troya. Con la espada
en alto el rey prorrumpe: “¡Cielo y tierra,

pido a Zeus acabar con los troyanos,
con París, con los míseros ilotas!
Allá estaremos con resueltas flotas
miles de combatientes espartanos.

¡Agamenón, por nuestra sangre hermana.
Oh, poderoso Aquiles. Griegos todos:
enterremos sus hombres bajo lodos!”

En tanto Helena inquiere en la lejana
Troya a los dioses dueños de su suerte:
«¿Traerán los aqueos ira y muerte?».

martes, 10 de noviembre de 2015

El pez


A lo largo de los ríos 
fieros anzuelos acechan;
y el pez, por siempre inexperto,
tentado por las carnadas
suculentas, las engulle. 


Remontando por placer
o para el raudo desove,
en cualquier momento cae
en la torpe tentación
y en la muerte prematura.

Entonces, yo me pregunto:
¿qué es la vida, qué es vivir:
la batalla por crecer
o la lucha cotidiana
cara a cara con la muerte?

Quizá solamente sea
la urgente reproducción
y nadar despreocupado
de los oscuros designios
de la infiel fatalidad.



viernes, 30 de octubre de 2015

Elogio de las cucarachas


Audaces blatodeos que pillan los detritos
ocultos en la noche;
llegan acumulando en la memoria
pisadas de desprecio, repulsa de los hombres,
la vil persecución.

Llevando la ataraxia, el tozudo designio
en firmes cromosomas,
absorben los diluvios de venenos,
se entregan a la muerte, y surgen más curtidos
en la resurrección.

Tenaces como el virus, avizores, estoicos,
se prenden a la vida;
y en canto de pasmosa realidad,
imponen el empeño, la meta irrevocable
de vencer la extinción.


lunes, 26 de octubre de 2015

Claudio

                     
                                   Emperador del Imperio romano desde el 24 de enero 
                                              del año 41, hasta el 13 de octubre del año 54.

Aquí estoy, con mi grito poderoso,
en el año catorce de mi reino,
ensalzado por muchos, infamado por pocos
(los que urdirán mi muerte).

Ciertamente, el terror continuo
me habita como la imagen
de una horda extranjera y asesina.
¿He sido un mal emperador?

Con los ojos censores de mis antepasados
subo, abrumado con mi bárbaro miedo,
sobre mis castigados hombros
secuelas de una Roma licenciosa.

¿Dónde se encuentra Mesalina
fraguando sus excesos?
Oigo incesante sus conspiraciones,
su dádiva carnal a los traidores.

Los patricios otean las amplias galerías,
los oscuros jardines del palacio;
huyen de mis certeras órdenes
e insobornable mal carácter.

¡Prefieren el placer con los eunucos!

Los libertinos jóvenes, ¿qué fueron?,
se esconden tras las dóricas columnas,
mientras las vírgenes abandonan sus cítaras,
y acometen ansiosas tras la cópula.

Los guardias son estatuas inmoladas
a quienes no se siente respirar.
¡Ay de mí!, si la paga no perciben a tiempo:
sus dagas se hundirán en mi esperanza.

Sufro los mil achaques de la senectud.
El veneno en mi sangre cumple la profecía,
mientras los comediantes se deleitan
en las irreverentes danzas.

¡Angustia del poder! Con suerte llevarán
los dioses en sus brazos mi alma,
y hoy olvido a los hombres,
la ingratitud de sus innobles actos.

En mi lecho de enfermo, luego de tanta gloria,
soy el venado de la cacería,
aspiro el aire amargo de la conspiración,
sorbo el veneno de Agripina.

¡Guardias, venid! Que el más avaricioso
de los traidores del imperio apure mi partida,
apresure la infamia, y apremie la memoria
eterna, ¡Claudio!, de mi nombre.



domingo, 13 de septiembre de 2015

Ante los lobos del espíritu

                                                  "adentrarse en el miedo del verso no nacido" (Celia Puerta)

Merodean feroces la explanada.
Me introduzco vestido de cordero,
invulnerable el corazón de acero
a la temible y ciega dentellada.    

Solo en la noche -voluntad ganada-,
soportando el tic tac del segundero,
con mi temor explícito y señero,
irrumpo al escrutar de la manada.    

Más allá del felino ardid, tozudo
voy batiendo las sucias intenciones
con mis bríos humanos como escudo.

En las sombras, los seres execrables
perciben cuán bravías decisiones
guardan mis cancerberos insondables.

lunes, 7 de septiembre de 2015

El poema insurrecto


Siempre desciende abstracto sobre la médula del brío,
sobre el clamor del verso inexistente, sobre la súplica del estro,
sobre las teclas del ordenador, sobre el coraje,
deslizándose con el tiempo hacia el recóndito vacío.
En la eventualidad de su germinación se observan sepultados casi siempre
todo su ritmo, con todas sus verdades, bajo la yerma sustancia del abismo,
donde casi como la nada se percibe.

Alguien lejano sufre. Se ahoga en su carencia; y esa agonía de lo insulso,
impone su mensaje de eutanasia en la quimera del pasado,
en la ruina del intento fallido. Entonces el espíritu ya nada sabe de esplendores
y nada más comprende. Se nutre de codicia atada a los residuos del talento,
y no logra sino arrear a todos los pájaros de su sueño,
agotarlos en su propia pobreza, donde cansados van de a uno pereciendo.

No se crea la luz con voluntad, ni en el fiero combate con las duras palabras,
ni en la exclamación vigorosa de los adjetivos, ni en el asalto a lo sutil,
ni en la fascinación por la simbología; menos aún
en el extravagante grito de las metáforas.
El poema es un galope hacia el miedo de perder la cordura,
es un miedo que escucha lo que no ha dicho todavía,
es un miedo tembloroso que sigue y sigue hacia el fuego que espanta,
hacia la luz que el mismo miedo difumina.


domingo, 6 de septiembre de 2015

desnacer


Lo que debes preferir a todo es, 
para ti mortal, lo imposible:
es no haber nacido, no ser, ser nada. 
Sileno.

mis párpados se abren y se cierran
mis ojos sufren la intensa luz
mi grito es un eco cavernario
mis labios se dilatan con ansias de succión

nada comprendo aún sobre mi ser

me han arrancado de mi dulce sueño
contraigo mis perplejos músculos
mis oídos padecen el enjambre de las risas
me domina el atávico terror

todo comprendo entonces de mi ser

quiero el retroceso de mi parto brutal
quiero mi tibio útero y su infinita paz
quiero de nuevo mi inexistencia
quiero de nuevo mi eternidad



sábado, 22 de agosto de 2015

Fragilidad del amor



Mil veces extraviaste en el camino
el rumbo de la dicha; prometiste
amarme en los reveses del destino,
una lluvia de sol me prometiste.

Otras veces, tu piel, en el apego,
abrasaba la loca fantasía,
abrasaba mi gris melancolía
el manto de tu luz y puro fuego.

Hoy veo en el jardín la eterna rosa
sostenerse regada en la frescura
de las noches serenas, la ternura.

Pero persiste en mi ebriedad celosa
el miedo de tenerte y no tenerte,
el miedo a la mañana de perderte.



martes, 11 de agosto de 2015

La rosa



Radiante está la rosa en una esquina,
como una reina en cuyo trono exhala
halo y fulgor en la apacible sala,
desbordante tersura femenina.

En el jarrón reluce matutina
con rojos pétalos la ardiente gala,
mientras la luz en gradación avala
la majestad de estética divina.

Arrogante en el tronco cercenado
ignora todavía el desconsuelo
de hallarse en los dominios de la muerte.

El sueño de vivir, cuando truncado,
aunque guarde su rojo terciopelo,
repite de la flor la misma suerte.

Del amar la existencia


Como muchos, yo amo la existencia;
es decir, mi vida en la vida,
el enigma rebelde de la realidad,
el paisaje azul que surge en tu pupila,
nuestro amor que apantalla las nubes de mi hastío,
la sabia plenitud de mi locura
(que no he podido mostrar al mundo aún),
los límites opacos del aprendizaje,
el aprendizaje de la opacidad,
las preguntas del niño aturdido ante tanto misterio,
la canción de su cuna,
la lámpara que baja a las cavernas de mi espíritu
y sube apagada porque me ha visto desnudo,
la harina, el pan, a los que comen el pan, y a los que comen sin pan,
el asombro que nace en cada amanecer,
la risa involuntaria, espontánea
(que nace porque el recuerdo de otra risa tuvo su causa poderosa),
la cuerda que ahorca y nunca mata
(y ahorca y se desata, y nunca quiere ahorcar),
el intento de encontrarme antes de morir.