jueves, 16 de mayo de 2019

En mi acumulada soledad



En medio de estas cuatro paredes voy diciendo 
(aunque no sé si pueda decir “bellísimos vocablos”); 
voy diciendo, quemado hasta la médula, 
pálido por la lentitud de mi caída: benditos versos. 

Cuando llega el anochecer,

de mi porfiada lucha contra el odio

a los demonios que esperan mi cadáver,

a vosotros

(¿no sabíais que a veces creo en Dios,

en la suerte de hallarme

mañana con mi padre, con mi hermano,

con todos los que amé

mientras huían de la nada?),

a vosotros os digo 
—quienes habéis perdido la esperanza—:

buscad hasta encontrar
el camino de vuestros sueños,

la victoria espantosa donde yacen,

uncidos a la enfermedad terrible, los poetas.



Buscadme, buscadme si os atrevéis,

en medio de mis cuatro paredes donde digo y me desdigo,

detrás de mi entornada puerta,

donde me atrevo a celebrar

con el brebaje de la eternidad.



Buscadme, buscadme; nunca sabréis
que soy una pregunta lánguida 
ya sin respuestas en mi voluntad.

Viaje temporal

En verdad, somos afortunados,
no sólo de poseer ventanas
con enormes vidrios transparentes,
sino de ver cuadros no vividos.

Veo a Allen Ginsberg,
el siete de julio del ochenta y cuatro,
a las ocho y treinta horas,
admirar al joven
del traje de baño rojo
caminando por la calle.

martes, 14 de mayo de 2019

El manifestante

En una manifestación contra el gobierno
un hombre es empujado
por los escudos de los policías,
obligado a retroceder,
y luego es golpeado con crueldad
por uno de ellos
—a modo de devolución de cólera—,
hasta quedar hincado de rodillas.
Se recupera luego de un momento
y regresa al tumulto de la confrontación,
donde de nuevo es apaleado,
—esta vez por un policía más—,
hasta caer de espaldas.
El otro antidisturbios le descarga
un par de porras más, a modo de escarmiento,
y se aleja para seguir frenando el caos,
mientras el hombre yace
aturdido de ira y de dolor.
Siente su arma bajo sus riñones.