jueves, 1 de noviembre de 2018

Tarde latente

Este cuadro apacible, ante mis ojos
sumidos, graba con la luz postrera
diabluras en la fronda pajarera
y los vuelos de elípticos antojos.

Tarde celeste que en el frío empeño
del otoño me inunda de emociones,
y surte de matices los rincones
donde pasea en soledad el sueño.

Frágil paisaje agónico y oscuro
cayendo ya en el túnel del pasado
en estas rimas de afanoso escrito.

Quizás algún lector en el futuro
recobre, de este edén abandonado,
su efímero fulgor del infinito.

Secuela de una crisis en el ritmo del corazón


Una crisis en el ritmo del corazón
vuelve al otoño, áspero; al sol, verdugo;
a la granada de la gloria, una estampida
bajo la noche gélida.

En territorios arteriales 
el río se deshace caudaloso,
y en su sangre se ahogan los días y las noches,
y advierte la pasión el tiempo 
como hormigas de luces,
nocturnas cuchilladas en los ojos,
una frivolidad en el destello,
en la sombra del pálpito,
una media luz recostada en la nostalgia,
un río con su cauce sin canción,
un árbol que rechaza ya su bosque,
una semilla que se abre a destiempo
y nunca recupera su húmedo destino.

Una crisis en el ritmo del corazón
convierte el horizonte en espejismo,
y cada paso nuestro sobre el día
recula de su espanto
como corriendo de su muerte para atrás.