jueves, 13 de junio de 2024

El jubilado

Distraído en el banco de la plaza,
el viejo corazón ya no practica
su lenguaje de sábado en la noche,  
sus paseos de sol en las playas vacías.

Una bomba mecánica 
sigue irrigando amiga
el cuerpo abastonado;
y en la cara curtida
persiste aquella rosa del ayer, 
pasión ahora consumida.

Pasan los jóvenes, elásticos,
algunos raudos en la urgencia matutina
por causa del rigor de los horarios;
otros, indiferentes con miradas perdidas, 
todos felices solo de vivir.

Van segando las briznas
bajo el eterno sol
para el granero de la vida;
brindados al amor,
ardientes en el alma sensitiva,
dueños del hoy y del futuro.

Al sueño de la otrora fantasía,
el viejo corazón sigue latiendo
en la hermosa mañana que termina.
Al fin del ajetreo
se aturde de vigilia.

Tantas agitaciones
lo abruman y alucinan.
Remonta la mirada, reconoce
las hondas maestrías
que el sosiego propone.

Y en medio del bullicio y de la prisa, porque han dado las once,
el tiempo del solaz culmina.
Mira la plaza, su propia ausencia, 
y hacia su cama se encamina.  

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