Soporta en la mudez sus tripas derramándose
en la hornacina
de un papel periódico
trincado por
el cinto.
A veces se acuchilla las arterias,
no para suicidarse,
sí para extorsionar
al que lo mira
con el jaez
de la omisión de auxilio.
Al paso de los años,
busca
desprestigiar la primavera
dejando que las
flores mueran en su patio;
y odia el
invierno,
cuando su
estupidez lo atrapa en el trabajo
con poco
abrigo
(dos horas
antes del final de la jornada),
mientras
cae el mercurio, y cae él
tiritando sobre
el cemento helado.
La magia
del amor hace indolora
la herida del malandro,
y hace que un hombre rudo
y hace que un hombre rudo
derrame vergonzosas lágrimas
por una prostituta de la esquina.
por una prostituta de la esquina.
¿Por qué,
entonces, es tan difícil
vivir sin cuestionarse,
como el ebrio Bukowski?
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