Aquel cuerpo radiante, esplendoroso,
que, desnuda frente a tus ojos,
se secaba con la toalla,
sin pudor, hasta sus partes íntimas,
con su sonrisa de mujer amada
y en confianza absoluta,
hoy resurge de tu memoria,
atrapada como insecto en el ámbar.
Una forma caleidoscópica
de extremidades extendidas
expresan el mismo candor, la misma gracia,
la misma vaporosa seducción,
y la sigues amando,
aunque la dolorosa puñalada
del tiempo sustituye al cosquilleo
y a la expectación del instinto.