viernes, 7 de abril de 2017

Rutina


Afuera, la luna empieza a olvidar su melancolía.
En pocas horas, su cuerpo será de nuevo polvo invisible,
y yo estaré sentado en mi antigua camioneta
sufriendo el calor y la ausencia de mi ser real.

En la aurora se refugian todos los amantes de la vida,
incluidos tú y yo y las ranas y los sapos.
Todos semejamos pequeños bichos de luz,
como valiosas piedrecitas que pugnan en el magma.

Estoy desperezándome, luego de dormir sensatamente;
y la voz de la soledad me dice que no existen los ensueños,
exceptuando las féminas de mi fantasía,
quienes se alejan del claror con sus caderas flotantes.

Estoy indefenso en las puertas del alba. Antes de ir
a trabajar debo matarme. ¡Alguien tiene que vivir por mí!
El amanecer arruina mi presente: me exige admitir el hábito
que todo el mundo no sé cómo con indiferencia lo soporta.  

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