sábado, 25 de junio de 2016

Rutina




Arrolla el cielo
con su color de plomo antiguo
las barreras del ánimo.
Los árboles entonan en las cuestas
reproches de humedad.

Rostros graves observan
—cómplices del hastío—,
el sofoco del día,
mientras el tren prosigue
su gusano marchar por la montaña.

Una llovizna cruda cae
en el destino cotidiano,
del mismo cielo
de mañana y ayer.

Asfixiante me aguarda la estación 
de otro lunes cualquiera.


Rendido ante la otra suerte




Perplejo miras desde tu experiencia
tantas suertes errar atormentadas
en sus fatalidades enclaustradas,
donde el caldo de albur y efervescencia.