martes, 21 de junio de 2016

Soledad de la sangre





Estoy solo, tremendamente solo, temerario y hambriento de coraje,
batiendo rumbos de orilla en orilla a lo largo del río,
por los senderos de la caza, demonios y depredadores,
sin caballos, sin féretros, sin naves, sin armas, sin cadenas. . . ,
donde murmura el cielo a mil kilómetros del mar,
a doce mil kilómetros del mundo, contra mi piel de luna derretida,
mi voz de culantrillos, mi verbo acústico y sonoro,
debajo de mis uñas, sobre los tallos duros de mis dedos,
en esta tarde antigua que sorbe sangre india en la cañada.