miércoles, 2 de marzo de 2016

Digna de mención






El otro día he conocido a la mujer más hermosa de las que en los últimos tiempos he visto. Ni siquiera en las películas o en la televisión ha podido mi memoria encontrar otra mujer que la iguale en gracia, en sonrisa, en femineidad. En verdad, estuve mirándola extasiado. Me dije a mí mismo: “tal vez Cleopatra o Helena de Troya hayan tenido este atractivo subyugante”.  Ella se percató de mi insistente mirada, pero no pareció incomodarla; por el contrario, parecía disfrutar de su admirador, moviéndose constantemente, ensayando las mejores poses para los mejores ángulos que yo buscaba para observarla. Al terminar su gestión en los mostradores, caminó hacia la salida pareciendo levitar a causa de mi ilusión óptica. Hizo un pequeño movimiento de cabeza, volteando el rostro un poco más de noventa grados, casi mirándome, y desapareció como una estrella fugaz de mi vida. 

La alondra herida




La aurora está desolada, todo el paraje se viste
de la pena de las vírgenes y duendes de la región.
Ya no existe el regocijo. En la angustia se abandona
el canto infiel de la alondra, y la vida enmudeció.

Recuerdos grávidos






Vuelve el ayer rendido de vivencias
del naranjo cual frutos ya dorados,
que tienden a caer atormentados
sobre la tierra trémula de ausencias.

Hastío




A veces el hastío determina,
como la muda espada del guerrero,
su golpe terminante, el más certero,
y en aislada quietud nos peregrina.