martes, 19 de julio de 2016

Las extremidades del amor




Es triste el hombre cuando ama en soledad
y  mira ese presagio opaco de la tarde,
su crepúsculo mismo,
boceto en ocres de derrota y lejanía;
entonces cierra sus ventanas, bien lacradas,
y la noche lo tumba de bruces, lo lastima
hasta el frío portón de la alborada.

A la mañana,
camina hasta el empleo
con posta y con recambio de caballos;
y aun así, lo vence la fatiga;
y entonces sueña
cambiar de hombre
y no ya de caballo.

El agobio le inventa hablar de vinos, de cervezas,
le deshace prolijamente su labor;
y miente cuando pide horas extras,
pues al volver sobre sus mismos días,
nunca habita su cuerpo
sino su triste corazón enamorado.





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