miércoles, 27 de julio de 2016

Guerra al ingrato




1
Fuimos amigos francos; tal así,
que cuando una falsía de su amada
le dejó con la dicha destrozada,
en sus detalles íntimos viví.
Y cuando el corazón con frenesí
latía; y la virtud, encadenada
a las vivencias dulces ya olvidada
por ella, se escurría, yo le di
coraje, fuerza, hombro, y el sincero
entusiasmo de noble compañero.
Pero todo fue inútil: decidido
a vender su alma al diablo por dinero,
farsante, con la piel del mal nacido,
hizo de la amistad arte fingido.


2
¡Aleluya! ¡Aleluya!, por la guerra
que se viene con su tambor batiente,
que levanta al soldado combatiente,
y el tedio del espíritu destierra.

¡Albricias!, por la vida vil y perra
que llevarás, después de ser tu mente
vencida por mi astucia que, invidente,
obstruye los colores de la tierra.

Mi condición humana pide gritos,
embriaguez en el triunfo, viejos ritos
que laceren la mística enemiga.

Mi encono es del tigre provocado
que no busca venganza, sino el prado
donde la inmensidad es quien castiga.


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