lunes, 2 de mayo de 2016

La hora del abismo




La tarde está ahí,
tras el cristal,
conteniendo pájaros en su abismo,
y las hojas que, como abejas
al panal de las ramas,
dibujan en la tela del vacío
las esferas oscuras de las copas.

El crepúsculo llega
con su pecho paciente y cóncavo,
ejerciendo su oficio milenario
de adormecer el fuego,
decidido a llevarse
la alegría de la luz y el bullicio.

El crepúsculo está ahí,
incitándonos
con su encanto bermejo,
exigiéndonos
con su pardo puñal amenazante,
una muerte con ángeles
cargados de silencio.


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