jueves, 12 de mayo de 2016

Incitación al riesgo




Es tu vida la que podrá escapar
por la ventana de tu frío cuarto,
en tanto el rock a ácido volumen
le diga a tus honrados padres
que caminas enceguecido
andariveles peligrosos.

Ellos, en sus horribles conjeturas,
te arrojarán de una cornisa
luego de loca sobredosis,
te observarán ensangrentado
sobre el asfalto frío de la noche,
o te verán caer incautamente
en las sutiles redes
de algún homosexual tramposo.

¡Salta ya de una vez, niño cobarde.
Deja que tu celosa madre viva
las pasadas angustias de su madre
cuando sus hermanos hacían
lo mismo que hoy te están negando!

¿Qué son las trasnochadas,
el alcohol, el tabaco, el sexo?
Soportará tu espíritu, sin dudas,
la visión de la masa informe
que dormita en la esquina oscura.
¿Acaso no conoces
la moda de la desinhibición
y el comercio de la prostitución,
gracias a la eficaz televisión?


¡Anda, camina los suburbios.
Demuéstrale a tus malditos demonios
que sigues siendo el amo de ti mismo,
que no le temes al barranco,
que sabes transitar la mierda,
como también trocar
tus mugrientos calzados deportivos!

No es la luna amiga de lo siniestro,
aunque sonreirá siempre
a tus oscuras pesadillas.

¡Anda, camina los suburbios!
Llegarás a bailar
en medio de rabiosos perros;
y muy bien a leer
el tórrido lenguaje
de la desolación urbana.

¡Vamos, saltarín, pequeño demonio!
No se sienten muelles tus edredones;
y es enfermizo
que vuelvas a entregarte con tanto frenesí
a los eróticos videos.
La vida no es un filme por entregas diarias
que puedas mirar desde tus ventanas.


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