sábado, 30 de abril de 2016

Senda de la vida


No somos seres vivos mansos, sedientos,
acercándonos sin remedio
a la única laguna africana
en la cruel sequía.

No caminamos rendidos, inexorablemente,
hacia la noche sin luna.

Seguimos celebrando por el mundo
milenios tras milenios,
disfrutando los deleites sensuales, contemplando
cómo la tierra se inclina fervorosa
ante los requerimientos del hombre;
seguimos paseando extasiados
de nuestra condición humana.

Ni siquiera es ya el tiempo
(el que día tras día e individualmente
nos arranca la vida)
causa de incertidumbre,
el que nos hace someter los páramos.

Hemos inventado el cielo
y nos volvimos rebaño
de los dioses inmortales.
Hemos hallado la senda de la vida.


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