sábado, 2 de abril de 2016

Libertad del canto




De una voz incipiente a esta parte,
se nutre la codicia del oído
con cantos en cadena,
aunque el silencio en el espíritu madura.

El árbol vive
en su fanal de pájaros;
en sus ramas propone aquel cobijo eterno
que habrá de sentenciarlos en la mudez concreta.

La verde compañía,
el nido franco
y fosa del reposo.

Mientras prorrumpe el canto,
el eco de la noche resuena sentencioso
en el umbral del aire envanecido.

La melodía busca
la infinitud sin árboles.



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