miércoles, 10 de febrero de 2016

Váyanse al diablo con sus malditas guerras





No me gustan las guerras.
Siempre dije que no me gustaban
las fiestas de las conmociones.
Me lo he repetido tantas veces.
No quiero saber nada de las guerras.
Ni de las patrióticas
ni de las religiosas
ni de las ideológicas
ni de las moralmente correctas
ni de las preventivas
ni de las directas
ni de las subsidiadas.
Y menos todavía de las guerras urbanas.
La única guerra que me gustaría hacer
es contra las guerras.

¡No me vengan con que son guerras defensivas!
No me arenguen que la guerra es un arte.
No me catequicen que es un mal necesario.
No quiero oír ni de Dios ni del diablo,
ni del norte ni del sur, ni de oriente ni de occidente.
Todos vienen a matar y a matar y a matar
mientras los medios cuentan los muertos de 1 a 1.000,
y vuelta a contar de 1.001 hasta 2.000, y nuevamente
a empezar, de lunes a lunes: 3.000, 4.000  . . . 10.000 . . .
Corre la sangre, para la vida, lloran las madres.
Estoy decepcionado de la civilización.

¿Qué mal hicimos para que vengan
a tirar sus bombas y matar a nuestros hijos,
en los mercados, en los barrios residenciales,
en los hospitales, en los bares, en las calles,
incendiándonos el presente?
Salimos a las calles palpando a ciegas
los cuerpos chamuscados.
¡No me vengan con explicaciones,
con esa farsa de los efectos colaterales!
La única conclusión que yo saco
es que matan a millones de inocentes
que no tienen por qué morir.
La tierra se llena de tumbas jóvenes, enfrentados
sin una pizca de odio, sin conocerse siquiera entre ellos,
que muy pronto serán olvidadas con otros ataúdes.
Estoy decepcionado de la civilización.

Nadie consigue pararlas, ni las iglesias, ni las ongs,
ni el miedo al exterminio, ni los gritos de dolor.
Ni siquiera deseo estar en el carro de los vencedores.
Me dan ganas de orinar sobre todos
los que día y noche piensan en tácticas de guerra.
Me dan ganas de mear en sus zapatos,
de ponerles cuernos a sus rostros fotogénicos.
Estoy decepcionado de la civilización.

Abastecen con devastaciones sus codicias.
¡Llévense de acá sus enfermas belicosidades!
Si guardan algo de humanidad, mátense entre ustedes,
aniquilen sus vicios con sus propias sangres.
No quiero saber de conquistas, de pillajes, de medallas,
de cargos de gobernadores coloniales, de privilegios,
de fiestas, de bailes sobre alfombras manchadas de sangre.
No me ofrezcan un contrato de mercenario, ¡por Dios!
No quiero saber de lujos ni de mujeres de embajadas.
Estoy decepcionado de la civilización.

¿Qué mal hicimos a nuestros libros sagrados?
No me hagan hablar más de la cuenta, por favor.
Tengo el derecho de buscar y encontrar una fuerza mayor
que termine con esta locura de sangre y fuego.
¿O acaso yo estoy loco y ustedes llevan la razón?
¿Acaso soy el pobre idealista, el que niega la realidad?
¿Acaso no entiendo que el mundo fue diseñado
para guerrear, para curar la ansiedad del hombre?
¿Acaso están luchando por el hombre?
Claro que lo entiendo, pero no en el sentido de destruir,
de ensangrentar niños en brazos de padres desolados.
¿Acaso estoy más loco que ustedes, sin derecho a estarlo?
Estoy decepcionado de la civilización.

¿Oyeron dictadores, falsos estadistas, agitadores hipócritas
morbosos y letales ajedrecistas de la muerte?
Ya no seré el ingenuo padre de familia que trabaja
deslomándose para pagar impuestos que pagarán las guerras.
Ahora seré lo contrario de lo que pretenden de mí.
Mi rebelión será una bomba verdadera que traerá
la paz verdadera: ¡empezaré a tomar conciencia!
Empezaré a cantar “Imagine” todos los días porque
estoy decepcionado de la civilización.

Váyanse al diablo sin nosotros los pacifistas,
todos juntos abrazados en el barro, en la muerte.
Todos juntos háganse compañía en el infierno.
Déjennos en paz de una buena vez por todas
para que podamos vivir y morir sin ustedes,
con la tierra y el mar y el cielo y las estaciones
en perfecta armonía con el futuro del hombre.
Por la irresponsable locura de ustedes, los psicópatas,
estoy decepcionado de la civilización.







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