sábado, 6 de febrero de 2016

Soneto de la plenitud




Esa luz de los lóbregos tormentos,
esa canción de noches silenciosas,
ese hechizo que emana de las rosas,
azúcar de los ácidos momentos.

Ese bosque de piel, cumbre de alientos,
donde el ave, en noches tormentosas,
acurruca sus alas presurosas
en los cálidos follajes irredentos.

Esa charla de lluvia sin dilema,
presagio de cristal y melodía
que riegan a los árboles del día.

Ese beso, la urgencia del poema,
la infinitud del alma, aquel emblema
sensitivo que rige la poesía.


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