domingo, 28 de febrero de 2016

Soledad bajo las piedras





Cuando el cielo asume su reinado enérgico;
cuando se embravecen las aguas del mar,
y sólo sirenas y náufragos pueblan
las frías regiones de la noche atroz,

traslado mi alma, venciendo los piélagos,
a la conjurada manifestación,
donde participo de choques violentos
en el centro mismo de la adversidad.

Quiero ser espíritu de aquellas ráfagas,
que en días y noches de eterna labor,
en las duras piedras y al son de las olas,
esculpen el rostro de la eternidad.

Que siempre retumbe en la inmensa bóveda
mi grito instintivo, humano y mortal,
e infinitamente sus ondas sonoras
penetren punzante el enigma azul.

Que oigan los dioses mi clamor efímero,
mi canto impotente de humana pasión;
me cubran de roca, de duro granito,
para la victoria de mi soledad.


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