viernes, 8 de enero de 2016

Viaje temporal




En verdad, somos afortunados,
no sólo de poseer ventanas
con enormes vidrios transparentes,
sino de ver cuadros no vividos.

Veo a Allen Ginsberg,
el siete de julio del ochenta y cuatro
a las ocho y treinta horas,
admirar al joven
del traje de baño rojo
caminando por la calle.


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