martes, 5 de enero de 2016

Umbral




En el reclamo del atardecer,
surcas la nube del silencio;
regresas de los cielos del pasado
con tus músculos flaqueados
de tanto vuelo, aunque no de volar.
Has pretendido siempre el último horizonte.

La sombra se descarga como una mancha urgente
tendiéndose a las olas,
tus alas se debaten con el peso
del viento que hurga entre tus plumas
para acallar la súplica del nido.

Observas ya sin tiempo las comarcas,
sólo a vuelo de pájaro,
apremiado por la mente que conoce
las islas donde bulle aún la vida,
los paisajes dignos de ser llorados
en la añoranza que vendrá,
a las aves chillando de pasión
en los acantilados.

Oteas la extensión del más allá,
evocas los veranos muertos
—tiembla tu corazón—,
y adviertes que te hallas
en el umbral del último crepúsculo,
en el acceso de la noche sola.
Y sientes que tus alas languidecen
para batir tanto infinito
en el viaje de dura eternidad.



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