jueves, 28 de enero de 2016

Pilatos




Con la mirada dura e imponente,
observa la morbosa muchedumbre,
mientras una piadosa pesadumbre
surge de los abismos de su mente.

La refinada educación romana
y su claro concepto de justicia,
no condicen con tanta saña humana
del pueblo que colérico enjuicia.

Intercede buscando así evitar
la locura y la sangre derramada.
Intenta de un final vano salvar
al que a Roma jamás ofendió en nada.

Mas, sabiendo que el magno cometido:
cuidar los intereses imperiales,
más allá se encontraba de los males
de la plebe y el grito enloquecido,

con practicismo propio de romanos,
hace que juzgue el pueblo envilecido;
y al ver que es el mismo el elegido,
libre en conciencia, lávase las manos.

Al dispersarse más tarde el gentío
al paso de la cruz ensangrentada,
dice, Pilatos, con la voz hastiada:
“Acaso es justicia de judío”.



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