viernes, 20 de noviembre de 2015

Bajo el cielo de la ciudad




La ciudad, como siempre,
al encender sus luces en la noche,
se inunda de pasiones ebrias.

Los árboles de tus días




Los días que te suman
van abatiendo sin piedad tus árboles.

Al obstinado demonio de mi mundo interior




Me propongo acallar tu voz
destruyendo tus sucias intenciones.
Te rastrearé en las crujías
secretas de mi espíritu,
pues en una de esas oscuras
esferas siempre acechas.
Abiertas las despóticas cancelas
caminaré los pasajes oscuros.
Con las virtudes del galgo,
olfatearé la inconfundible
bascosidad de tu rastro.

Al regreso de la calma


Después de la tormenta,
al inicio de la quietud en la mañana,
sobrevivientes de la ira nocturna
hasta el amanecer desahogado,
en el trigal de la memoria,
vuelven las aves a inmortalizarse,
y el viento como soplo de los dioses
levanta el sembradío aplastado y triste.