domingo, 15 de noviembre de 2015

El dilema de nuestra civilización




El dilema del hombre es la caída de un imperio arrastrando tras sí la hermosa sonrisa social forjada con triste tiempo, amor y esfuerzo; y el surgimiento de otro, que antepone su glotonería al alimento milenario de la raza humana. Pero el dilema nuestro no es intercambiar imperios, gritar la voz de la supremacía, dar cátedras de espanto, no:
nosotros abogamos por el gran líder, el que despelleja el rostro de los bárbaros con una serena reacción para mostrarnos los rictus de la mala interpretación del poder.

Los emperadores de hoy escarnecen a los periodistas con dádivas estatales, con la orden de trasmitir astutos artículos de la torcida misión, hechos consumados de torturas ya cicatrizadas por nuevos compadrazgos, donde la víctima es capaz de sonreír gracias al síndrome monetario de Estocolmo, en tanto nuestros cancilleres hablan de las novedosas armas, del formidable arsenal con que cuentan para la mutua disuasión. Nuestro dilema es interpretar estos ejemplares hechos de desilusión, y no rendirnos al menos brutal de los criminales artistas fabricantes de nuestros miedos, que poseen la forma de matarnos selectivamente.
  
El dilema del hombre es manadearse, correr tras el grito de guerra que corre tras otro, y éste tras otro que llega hasta un falso grito de Dios, mientras su noción de humanidad se desliza por los canales de la droga, de la cultura chatarra, del analfabetismo del resentimiento, de la vacuidad del espíritu y de la razón envenenada. También por la soledad.
El dilema es haberse enamorado del dolor, de la tortura, del stress, y anhelar matar más que el último suicida con su mayor gloria que es morir. Ser el mejor cuerpo mortal que explota.

Yo propongo que volvamos a enterrarnos uno a uno, con campanas que toquen a difuntos, con oficios religiosos y flores de la vecindad. Propongo el silencio ante la muerte, el respeto a las lágrimas del prójimo, a la soledad del ataúd que se lleva el ramillete de la agonía.
Yo propongo la interpelación a la barbarie, a los psicópatas de ambos bandos.
Yo propongo desenmascarar a los periódicos que esconden las verdades bajo llaves. 
Yo propongo devolver los jardines y las aves a la civilización. Sin rodeos, sin romanticismo.