viernes, 13 de noviembre de 2015

Cumplir el ciclo




Si la aflicción de haber inadvertido
el presagio en aquella bocacalle
fue creciendo cual polvo que acumula la suela del zapato,
y hoy ensucia el felpudo del vestíbulo
donde la vida es cansancio, paréntesis de tiempo.

Señales




Si la avidez por las figuras lujuriosas
deja de ser la clave 
de la compañía que buscas,
si en el contacto y en el beso
descubres la sinceridad 
de tu propia torpeza,
si sientes que en las flores 
existe el enigma de la belleza,
si vuelves a entrever 
el infinito de la infancia
con el asombro de las mágicas revelaciones,
si días y noches se vuelven 
una perfecta ostentación de la existencia,
si recuperas tu interés en las canciones
que hablan de las humanas costumbres de la vida,
sabrás entonces que has hallado
las señales concretas 
de una bifurcación de tu destino.


Vislumbrando la danza de la mano




¿Será posible que la mano olvide de repente
sus huesos y su carne,
como si de las últimas páginas del invierno
lograra el cierre del poema sin sangrar?

El camino del hombre




No me acosa sentir lo acaecido
ni renovar constantemente el velo
de los ásperos días del desvelo.
No me abate lo nunca restituido.

El libro de Borges




En esta mañana productiva, mientras escribo en el ordenador,
me llama la atención a un costado de mi escritorio
un libro: “Borges, Obra Poética”.

Al mezquino





Insiste y persiste en violar las leyes
que al hombre otorga su destino grato:
recorriendo el planeta y bien viviendo,
disfrutando el dinero amontonado.

Apostasía




¿Qué te crees, retazo de animal milenario,
al pretender que el mundo se vuelva tu bosque encantado?
Ni siquiera eres un felino, una serpiente astuta,
dinámico y artero, invisible al peligro.
En las tinieblas, al menor aullido,
te apresuras en encender fogatas frente a tu gruta.

La caza



En la intrincada selva de tu espíritu,
detrás de las marañas, agazapado y listo,
la acechas todo el tiempo.

El jardín




Ya no sé
si es más bello
aquel jardín florecido
o éste, abandonado.