lunes, 2 de noviembre de 2015

Con las ventanas cerradas




Cerrarás tus ventanas, tu congoja,
tu mente, bebedor del río seco,
estoico árbol de perdidas hojas
meciéndose en el mudo acatamiento.

Ayer quise recuperarte




A veces uno anhela librarse de la evocación,
aunque sensatamente sabe
que, hasta las remotas fronteras
del sentimiento, le acosará
la jauría de sus recuerdos.

Tregua




La tarde se presenta arrebatada  
—como nunca antes—,
sugerente para un pincel sensual
o una fotografía.

Invocación al inframundo





Vierte todo en la noche de tu noche:
la nimia luz, la lámpara discreta,
el tono gris y umbrío de la meta,
mas retarda al olvido su derroche.

Calma peligrosa




En singladura, la pasión herida
se oscurece de inútiles tormentos,
en el confín doloroso del alma,
mientras se sume el cofre del recuerdo.

Hoy vives con tu ayer




Hoy vives con tu rostro cincelado
por las lluvias del tiempo
-y la caligrafía incierta de tu nombre-,
donde está reflejado
el mundo enaltecido por los actos nobles,
donde grabó su esencia el canto de los pájaros,
y esculpió la sonrisa la quietud de los árboles,
de la rosa abriéndose suplicante
a la luz sagrada del día.

Vamos todos




Seguiremos caminando los senderos de los árboles tardíos,
hasta encontrar un río de nostalgias
donde nos empaparemos de sus santos venenos,
de elucubraciones inimaginables
que soportan en sus cortes los cuchillos del diablo.