viernes, 23 de octubre de 2015

Quevedo




Preciso es que Góngora y Argote
responda a mi soneto con altura;
pues si el reto lo vence con ventura
hará que la cantera no se agote.

A veces el silencio me apunta




Siempre el silencio trae un rostro de amenaza,
como si tuviese el poder de enmudecer
todas las bocas de la vida;
y si llega en la noche, es como si viniese
cargado de cuchillos de sueños fracasados.

Eres mi único dilema




No eres mi dilema fácil
sino el alba que aviva la luz sobre mi pecho,
la gacela desenfrenada en mi memoria,
la laguna de fuego donde me lavo cada noche.

Brecha




Obstinado el demonio que forzaba
de la canción el detestable acento,
languidecía el peregrino aliento
cuando en la noche el son se revelaba.