miércoles, 7 de octubre de 2015

Rastreo de mis causas históricas




Desde siempre quise conocer las maquinaciones
que me hicieron tan penosamente humano,
los hilos de Ariadna que se soltaron
en el intento de encontrar mi alma tesea,
aquellas hecatombes que arruinaron mis fantásticas ciudades,
las cuitas de la nurse que crearon mi alma complaciente,
las seductoras palmadas ante mis ingenuos actos de justicia,
las perdidas y secretas razones de la caída
de mi adolescente imperio romano,
la fuente de la cicatriz del ciervo
que anda deambulando por mis páramos,
el robot con mi cerebro que ansío ser en el tiempo infinito,
las causas de esta herida que sangra y sangra y sangra
como un río de versos sin mar.


Yo, la fiera



Yo, la más intacta de las fieras,
he perdido mi finísimo olfato
y por ende la primavera;
perdido el resplandor del rayo,
ante mis ojos reverbera
sin matices mi panorama.

¡Pobre de mí!

Oda a la poesía




Suaves brisas del sueño,
aromas de los ríos,
dulces soplos que escudan 
los temples oprimidos
por el soez acoso
de insectos agresivos.

Cansado de la búsqueda




Cansado de la búsqueda del verso,
a la duda del brillo condenado,
cansado de metáforas, e inmerso
en río de vocablos, casi ahogado.

Búsqueda en ti




Cuando busco en tus noches
el paseo por los bulevares del impulso,
me sacuden,
me agitan,
me remueven
esta lúcida calma
y estos pasos que doy con reserva hacia ti.

Razonando sobre el instinto



Para encontrar la voz del taciturno instinto
uno debe encontrarse al borde de la suerte
y usar potentes microscopios
de la imaginación,
liberar las compuertas del desorden mental,
de las palabras que hacen enrojecer los labios
y ejercer el dominio sobre el ansioso ser.