martes, 6 de octubre de 2015

Dicha visual



La memorable noche eternizaba
el espejo fugaz ante mis ojos,
aplacando del día los enojos,
y en dulce frenesí lo reemplazaba. 

Desconcierto




Al intentar la búsqueda
de mí mismo,
en incontables
caminos me perdí.

El camino de tu voz




Por cierto, desde ayer,
desde el umbral testigo,
detrás de los barrotes
de tu cuarto de niño,
luces esta semblanza
de furor sometido,
y acechas en la aurora
donde perturba el frío,
la fuerza de las fieras
que insisten tras los siglos
el paso de los largos
inviernos malheridos.

Desde mi angustia existencial



Cuando el futuro
se arroja sobre mi conciencia frágil
y me asedia en el lecho pasado el mediodía,
empiezo a batallar
con mis demonios caras de ángeles.

La incesante lejanía de los muertos amados



Mi padre ha muerto ya.
Mi madre, todavía no.
A pesar de sus quejas y de los achaques 
su salud es bastante buena.
Ella observa pasar los días desde su ventana
como si el tiempo fluyera muy lentamente.
Pero el domingo último, mientras charlábamos
en la sobremesa del comedor,
recordó a mi padre. Le reprochó con indulgencia
haberse descuidado en su salud y en la bebida.
Y me pareció como si el puente de tiempo
entre la muerte de mi padre y nuestra charla
se hubiera prolongado vertiginosamente.