sábado, 3 de octubre de 2015

Efímeras coronas




Tras acoso de meses en disputa,
sobre la tierra húmeda de horrores
y la sangre del bárbaro guerrero,
el soberbio señor feudal disfruta,
entre los ebrios gritos vencedores,
con dulce vino y carne de cordero.
En el trono del castillo, alborozado,
besa la gloria del reino conquistado.

Vivir de ti y para ti




Aunque contigo yo me hago
hombre madrugador,
cruel nuestro destino humano
no admite múltiples facsímiles,
y te pierdo cada día en la existencia.

Luego de finalizar un poema




Arañado calígines cristales
de íntimos edenes,
pretendido los labios dulces de la diosa
cautiva del amor humano,

Adhesión a la belleza


Ayer te sometía duro el frío, 
celebrando con ráfagas su imperio, 
y en la infame opresión del cautiverio 
envolvía el cristal de tu albedrío.

Cuando el viento anidaba en el hastío,
yacía en tu pagano monasterio
y en la tenue armonía del misterio
de tu manual agnóstico el estío.

Mas hoy, en el jardín, porque la cala
en el invierno expira, y la tristeza
unta de pardos su lechosa gala,

del sol imploras sus verdores cálidos,
aunque irrumpan insectos y maleza
y tu añoranza por los días pálidos.





Acción del tiempo




Aguanto el látigo del tiempo
y cicatrices en mi sombra terca,
en cada palmo de mi crónico destino
mientras espero
de una vez que me desollen.

Amándote en el espejo del tiempo




Amo la ingravidez de tu jardín,
la madreselva de tu piel
en el tapujo 
por hálitos de sol entero,
el polen de tu risa, 
tu hambre en los brotes del pistilo,
mis ojos sobre el cielo 
de tus perennes margaritas.