lunes, 28 de septiembre de 2015

Abel




En la tierra feliz y exuberante
de frutos y magníficos corderos,
con ahínco ofrendaban al Tronante
Caín y Abel, hermanos, compañeros;
y la divina Sed, amenazante,
sus encargos hacía más severos.
Ellos brindaban todo de sí mismos
ante el temor de verse en los abismos.

Caín




¿Qué culpa guardo yo si mis mayores
en la maligna tentación cayeron?
¿Heredaré fatídicos rigores
del mísero existir que recibieron? 

Ayer, hoy y mañana




I

Ayer estaba vislumbrando
el escenario del humano suceder,
el gólgota que carga sobre el hombre
—el debatido hombre cósmico—
maderos de dolor y de desánimo.

Amado Nervo y su amada inmóvil




Tierno pájaro que al viento
cantas dolido a las rosas
y al agua tu amor sediento,
que ensalzas con dulce acento
la belleza de las cosas.