sábado, 26 de septiembre de 2015

Poecidio


                       “que me disculpen los poetas, voy a estropear la poesía si es preciso.”
                                                                                                                               E. R. Aristy

Tengo mis dudas: pienso que este texto no debiera salir a luz
en un foro de poemas: en sus líneas he desistido de buscar la belleza
a través de los tantos re_cursos extraídos de los ríos de la retórica;
he desistido, también, de procurarle un ritmo congruente, sin prosaísmo,
algunas gotas de agua de la pila musical que lo bautice, lo cristiane,
para ganar la redención y croar, como un ángel sapo, más allá de la laguna.

Éxodo





Miro la nube, éxodo silente,
surgir en el ocaso nuestra vida
donde, desnuda, caerá rendida
sin sol, sin luz y con nostalgia ingente.

El cuadro de la flor que cae




Las flores últimas del mirto caen en furiosos latidos de la tarde.
Mi mente, donde llueven los espejos de mi rostro,
retienen degolladas gotas que gritan con tonos rojizos,
y riegan los antiguos helechos de mis pérgolas
en mi prisión del tiempo.

Poema del fin del mundo





Espirales de planetas
agónicamente inmersos
del espacio en los reversos
como débiles cometas.

Oh, condensados esfuerzos
de las galácticas grietas,
sois hendiduras y vetas
sobre los tiempos adversos.

Cuando muera el sol, poetas;
cuando todo el universo
decline calor y metas,
¿dónde escribiréis el verso?


Ante las emboscadas del destino




Cuando mis leños se humedecen
en la llovizna del hastío,
y su lumbre moribunda no alcanza
para encender el fuego de la vida;
cuando las horas giran lánguidamente cojas
por un camino sin alma entre la niebla,
resueltamente, acallo la brisa del venero,
negándole a mi espíritu temblar en la esperanza.

Acicalamiento





Me pierdo en el pasado
hacia oscuros rituales del homínido,
ocios simiescos donde la caricia
se hacía tacto entre mugrientas uñas.