viernes, 25 de septiembre de 2015

Espera cautiva



Yo sé que traerás, como en secreto,
horadantes espacios y distancias,
y el universo azul, resplandeciente,
que nuestro ardor creara con sus brasas.

Y sé que traerás tus pensamientos
lloviendo soledad exasperada,
y lavas del volcán de tu meseta
arrasando los páramos del alma.

Hasta este frío llegarás resuelta,
sacrificando tus amenas charlas
y el cómodo vivir de tus horarios.

Y yo te esperaré en la terca calma,
anhelante y al son de mis latidos,
con la ansiosa quietud de las estatuas.


En la tarde de invierno




En el invierno, el jadeante día
está siendo rendido por el silencio crudo del crepúsculo;
Y las quimeras, que sacuden mi espíritu noctámbulo,
 empiezan a poblar las latitudes del vagabundeo.

Volar en tu cielo




Arribo, ave del acorde cielo,
con ímpetu del cóndor, derrotando
gélidos mares, ígneos desiertos,
con mi ebriedad de bosques, a tu lado.

Adiós a los muros




Nunca más se detengan tus ojos en los muros
donde incontables ojos pierden los crepúsculos.

Dolores de la viuda




La funeraria carroza
con lento andar va llevando
al hombre que, finalmente,
después de vil desenlace,
extenuado había muerto.

Destierro




Deshabito nuestro pasado:
risa por risa,
beso por beso,
escrupulosamente.