sábado, 19 de septiembre de 2015

Romance del alma




Indagando el horizonte,
alma mía, vas urdiendo
con las lluvias del estío
y en soledades de inviernos.

Cable a tierra



               
Tal vez al mundo nada importe
que en mi país la gente calla
los más elementales gritos. Por ejemplo:

El hábito de leer la guerra




No creo
que haya pasado un día
en la historia del hombre
sin sangre derramada de soldados
en guerras malentendidas por ellos.

Exhausto de mi Yo




Dan ganas de fluir, a veces,
otros ríos, vertientes del espíritu,
travesías del libre antojo,
las eventualidades del destino,
cual agua deseosa de correr otros cursos.

¿Ese Yo logrará suplirme?
¿Qué leve timidez hoy lo conduce?

Siempre el destino hace, en su inminencia,
de las cuantiosas trazas de los rostros
y de los rictus quebradizos,
la cara más oculta de la risa.

Somos el que desea vivir sus semejanzas,
infiernos más templados, memorias más cargadas
de códigos que ayuden a verter 
en noches parecidas,
instantes más felices, un poco más de humano.

Dan ganas de mojarse, a veces, 
en aquellas lluvias caídas en torrentes 
sobre nuestros paraguas.


El jardinero y el hombre




Yo, el jardinero,
descanso en la periódica temporada de lluvias
con la certeza de que incontables células
emergerán después a la existencia.
Oigo su retemblar en el cerco de mi silencio.
¡Con qué emoción veré la lumbre de cristal sobre la tarde!

El indio guaraní




Mira tristemente la decadencia
de su origen, rastros del desatino,
la bravía rota, y el roto trino
ancestral del pájaro en su cadencia.

Las palomas anheladas




En la gran plaza de los almanaques
viven las redes de palomas 
del cielo del hallazgo.
Se oyen los zureos pertinentes
por cumplir los círculos del tiempo.

El bajo vuelo




El doliente trastorno que puede padecer un pájaro
es persistir de rama en rama
como única manera de locomoción,
aunque a veces también lo logre
sobre las ancas de un rinoceronte.

Devorado




La serpiente infinita
que escoge sabiamente,
me ha tragado de cuerpo entero;
y entre sus jugos gástricos,
sigo pensando, siento todavía,
y vivo todavía
con mi pávido corazón humano.


Confidencia




Qué extraños somos
los unos con los otros.

Qué sed
nos seca.