viernes, 18 de septiembre de 2015

Dejémonos de versos


Dejémonos del verso y la gramática
y muéstrame tus ansias callejeras.
¿Eres capaz de hacerme las ojeras
en una noche de pasión errática?

Dueño de mi alma



                                    Posiblemente sea la inercia quien te salve. (Ramón Carballal)


Poseo casi todas 
las rosas anheladas por la lluvia,
pero mi surco es todavía infértil.
Me asfixio, a veces, 
en las holguras de mis horas,
cuando, una vez despierto, 
recibo en el letargo de mi cama
la dura luz de la conciencia.

Cada vez que vislumbro el cielo de estos días




Cada vez que vislumbro el cielo de estos días,
se recubre de sucias nubes, como un frontón de presidiarios
donde arrojan sus días que les faltan para ser libres,
como si el gris borrase los complejos matices del verano
a causa de que el torpe pintor, arrepentido
y obstinado, reinicia su obra desde lo feo.

Descripción de un desorden existencial




A lo largo del rumbo has gastado tu carne y sentimiento,
y hoy eres hueso y músculo con fallas de junturas,
un incendiario de su propia choza,
un pánico, una alarma,
un desarreglo de amor por la vida.

El demonio de la guerra




I

Sonora carcajada se escucha en la planicie,
una vieja balada escupe Belcebú,
una niña sin piernas recoge una paloma,
un niño busca el móvil de matar y morir,
y monstruos microscópicos
se empiezan a nutrir.

Paseo nocturno




La noche es plácida;
la calle, solitaria.

Dispone de la vastedad
de su dominio.
Los escaparates atesoran
los ojos curiosos de los maniquíes.
Nada perturba el vuelo errático
de las aves que abandonan su espíritu.

La paz acumulada
dobla la cabeza en la bocacalle,
donde el policía practica su chantaje
sobre una madre prostituta.



Invierno Impasible




Cae el invierno duro
sobre el jardín desamparado.
Abraza la agonía
las crestas anhelantes de las flores.

Se rinde el alelí,
y nadie ya presiona con los dedos febriles
los bulbos de los lirios.

Se debaten tardías mariposas
e ingrávidas libélulas en el pardo silencio.
Irrumpen las raíces vetustas de los líquenes
y el frío acoso de la muerte.

En un rincón, casi en penumbra,
sobre el alma amarilla de una rosa,
el gélido demonio se complace
chupando la beldad como un vampiro.


Almas afines




No es mi vida idéntica a la tuya;
sucede que abrazamos
las mismas realidades que confunden.

Es cierto:
nuestros espíritus habitan
la misma ensoñación.

Pero somos como dos frutos
del mismo árbol, suspendidos,
uno al crepúsculo y el otro al alba,
bebiendo soles de distinta intensidad
y madurando desiguales.



Residuos de la muda tristeza




Amar y hundir las auras esenciales,
la eternidad de nuestros nobles pájaros.
Veo todo un abismo en tu cuerpo dormido,
y siento un gran deseo de extirparme este estado.

La lista del derrumbe nos revela la ruina,
divulga ciertamente los escombros:
apuntes del hartazgo, memorias del hastío,
los sueños en galopes de insufribles.

Y descubro tu rostro tras la modorra,
guardando la rutina las hojas mustias,
las palabras de una húmeda promesa,
las islas donde afloran los múltiples naufragios.

No ubico el epicentro del desastre,
del sismo aprisionando nuestros besos,
las risas bajo añicos, ocultas madrugadas
de tristezas que ostentan su victoria.

Tu golpe me lesiona más que el mío,
no quiere sosegarse y se aferra a mi herida,
no rompe los candados de tu cuerpo
y sigue destruyendo las páginas en blanco.

El dolor es el crimen de la incuria,
cilicio y mala fe de nuestras anclas,
noche sin rumbo hacia las olas mudas,
una oración a gritos de los muelles.

Entiendo que soltaron su amarra los recuerdos
y el olvido me llueve de tus ojos,
y el mar es un desierto donde espeja
nuestro mundo sin luna ni horizonte.