sábado, 12 de septiembre de 2015

De pie




Ponte de pie. La lucha sobre el barro
brinda al loto su mística belleza,
al tigre en la sabana su destreza
y al guerrero su espíritu bizarro.

Ponte de pie. La luna sufre el sueño
en la prestada luz, pues con donaire
a veces llora en el umbral del aire
el aura deslucida en el empeño.

La indolencia carece de estatura,
repta lombriz cobrando codiciosa
el deshecho que vierte el alma impura.

De pie y marchar. Marchar es el destino:
ensueño, meta, lumbre de la rosa,
hiel en la herida, barro en el camino.


El amor no ha muerto

    


Amanecí despierto
con mi delirio en la añoranza, y el fragor
del combate terrible con las horas.

En mis desiertos brazos, sus ojos lloraban precipicios,
vertían los eclipses del recuerdo,
las causas de su éxtasis,
la rutina girando al ritmo de mi evocación.

Cansado de la lucha insomne,
me saturé de tregua, y me llovió el pasado:
los ensueños remotos inventaban alcobas
donde ella temblaba como una novia tímida.

Y aunque ella no está,
el pan de la mañana solicita su mano.
¿Qué importa que la noche haya muerto sin ella,
haya nacido el día
sin ella?
Sé que su mano busca el pan de la mañana,
sé que su enfado es cobarde como el mío,
sé que cuando me olvida
no sabe lo que dice.


Calla





Gritan cuchillos en el aire
y cortan tus palabras sin colmar mi vacío;
se encrespan en tus labios, sólo buscan decir
máscaras de tu sentimiento,
lo que el rencor te exige disfrazar.

Calla.

Descubro el pensamiento de tu rostro:
tu mirada atesora los vocablos
de la dicha, las aves jubilosas
que quieren retornar
sólo con tu silencio.


Su día libre




                                                   El amor está en lo que tendemos
                                                            (puentes, palabras ). José Ángel Valente


Tuve hoy un rotundo despertar,
no por el clima lánguido de octubre
ni por sorpresa alguna del destino.
Tuvo aroma el silencio.

El olor de albahaca
la trajo al dormitorio,
sonriente, mía, libre de cualquier compromiso.

Embriagadoras voces me llamaban
de su cuerpo desnudo.
Nunca antes su boca
había desgarrado mis cadenas
de este modo.

La hice avispa,
paloma, colibrí,
húmeda flor en el estero,
la elegancia del crótalo hechizado.

Sentí tenderse el día como un puente. 


Consternación




Lámparas mortecinas se consumen por dentro
y caen polvos de la luz, fatigas del crepúsculo
sobre la tierra ronca de esperarte,
sobre mi corazón sin nido.

Tu risa se desluce en la mañana,
ya no puedo ostentarla en un jarrón
sobre la mesa.

El brillo de la piedra se interrumpe
y oscurece el sendero.

Estoy sucio de tinta debajo de mis uñas
y el poema se esconde en mi retina.
Las palomas se disfrazan de recuerdo en recuerdo
llorando sobre antiguas azoteas.

Le hablo a las paredes,
le miento en el oído al aire.

Si te hubiese entregado mi indolencia,
las tardes de mis hombros,
los nudos de mi rabia,
la espuma de mis gritos.

Si hubiera transgredido el velo de tus párpados,
los musgos de tu odio,
no existirían estas ratas insaciables
repoblando mi pecho.


Ante la inmensidad




Estremece sangrar en el misterio
donde desnuda vive la impotencia,
el inútil amparo de la ciencia  
y la pálida fe del monasterio.

Hiere en el hombre su puñal el mundo,
la cósmica existencia solitaria,
en donde encubre, triste y esteparia,
un sabueso en el ánimo iracundo.

No basta la estructura de la mente
para intuir la inmensidad hirviente
de estrellas que se pierden sin destino.

Es la entidad, la muerte, quien augura
el final del tormento, y asegura
al hombre su perpetuo desatino.


Confrontación con el tiempo




Solo
(como equivale hacerlo un hombre),
afronto la embestida de las horas,
el gusano que acecha
(quizá en el barro, de momento,
y no en la sangre, todavía)
como el buitre en el páramo.

Sufro la mala compañía del silencio,
la blanca oscuridad de cada aurora
en esta senda enmarañada,
en este duro desatino.

Apremiado por ver llegar
la tea de los juegos
que iniciará la justa olímpica,
callo el ansia de correr la maratón,
sabiendo que los dioses
untaron mi carril de aceite.