martes, 8 de septiembre de 2015

El viejo león



Verás y sentirás, viejo león,
todo el lapso de vida que te resta,
cómo se aman los púberes leones,
cómo se ahonda el juego del amor.

Vencido y perseguido por insectos,
verás pasar siluetas de leonas,
lanzando efluvios de sexo en el aire
y tentadoras en sus contoneos.

Tumbado sobre el prado, ya sin fuerzas
para la gloria y sed del apareo,
en tu débil conciencia sufrirás

los días que vivías el imperio
del ciclo venturoso, la manada
que se aleja con dura frialdad.


Amor ilícito






Cautivo de la llama verde de tus ojos,
mis manos te traían tristes joyas de valor,
mientras tú te sentabas en tu trono para verme flotar
como una idea vieja, como el humo de tu boca,
y casi me volví aburrido de esperar tu amor
con una audacia menos cada noche.

Y sólo tardé una sonrisa en caer de mi melancolía
al ensueño fatal de tu capricho.
Cuando tu cuerpo tuve mi voluntad deshizo,
y tú sólo reías como el viento del trópico,
como una diosa que hace llover lujuria sobre su reino,
como una rosa, una amapola abierta a los insectos.

Tu embrujo me oprimió, doblando mi arrogante cuello.
Tres años de condena
y sigo en libertad condicional.


El rival





Descubro un hombre extraño para luchar conmigo.
Ha llegado del fondo de mi propia vida.
Se para libre del temor al repudio.
Está armado con dudas que perfecciona el tiempo.

En su expresión se manifiesta deseo de gloria
y duros sinsabores que sufrió en la pugna
(su mirada descubre codicia de las fieras).

Me mira inquisitivamente.

No sé qué decisión tomar:
si ser su amigo hipócrita o su franco enemigo.


Rotura del hilo leal de la transigencia




La noche nos separa. Nunca, ayer,
en la nocturnidad baldía caminamos;
mas bien, la noche nos llevaba a la penumbra
lunar de los amantes.

Como obreros nocturnos, hoy sufrimos
en tareas extrañas a nuestra intimidad,
doblando las esquinas de los muebles,
hiriéndonos con muda pulcritud.

En el abismo de la obstinación
fueron tragados nuestros pájaros,
se posa mi impaciencia en los candados de tu piel,
se oye el ritmo de la respiración.

De tanto insomnio encima,
borra la noche nuestros rostros ávidos
en el núcleo del deseo,
y lo que nunca fuimos nos inunda.

Descripción de la esperanza




Aquellos ojos
que te miraban y te perdieron,
no reposan en otras impresiones:
incansables observan sucesos obligados,
rostros sombríos de reclusos en el tiempo,
todas imágenes opacas, tristes.

Y no se queda atrás el corazón:
camina prados indolentes
ante horizontes vanos.

No te describo una agonía
sino la ávida ilusión de que los ojos
no han perdido su iris sensitivo;
y el corazón, aunque callado, sigue
latiendo por lo que desea rescatar.


Razones para no volver a casa




He roto los cristales de las lágrimas,
he incendiado los bosques de la risa
en el alma desierta de mis pájaros,
en la memoria
repleta de recuerdos tuyos.

He roto con mi canto de melodías rotas,
con mis serpientes grises
soñando en los cobijos del futuro,
con la tumba en mi cuerpo
y un llévenme a la nada.

Por la calle desierta, sin putas ni peatones,
en los bolsillos hundidas ambas manos,
a cada paso de mi marcha,
al tiempo que camino
hacia el rincón propicio de un café,
las vuelvo puños.

Quédate tú con nuestras almohadas,
que yo tendré el amanecer
para mí sólo.


Nietzsche





¡Oh, demonio inmortal de las alturas!
Eslabón descubierto. Visionario
que arribaste, cual brujo solidario,
para purgar las pócimas oscuras
de los hombres, su dolor milenario,
viejas hechicerías y ataduras
que impiden escalar las cumbres puras
del espíritu. ¡Gran humano almario!

Elevo en tu homenaje digna copa
y brindo fiel por tus sublimes huellas,
mientras hurgo en sus signos arduamente
-confundida razón, difusa lente-,
como marino escudriñando estrellas
con catalejo infiel desde la popa.


La tierra




Opalina y azul
sobre la tela cósmica.
Silente imagen de dorados guiños.

Divina ante la humilde brillantez
de la devota luna.

Sutil aura que esconde
celosos torbellinos de cenicientas nubes.

Imán de luz en la expansión oscura,
preñada por los rayos
de aquel otro devoto enardecido
para estallar la vida.

Parto y cuna del hombre,
elíptica ambulante,
sosegada materia
jamás inerte.