domingo, 6 de septiembre de 2015

Desnacer





                                    Lo que debes preferir a todo es, para ti mortal, lo imposible:
                                                    es no haber nacido, no ser, ser nada. Sileno.


mis párpados se abren y se cierran
mis ojos sufren la opacidad
mis facciones son estelas ateridas
mi boca se mueve con ansias de succión
mi llanto es un eco primitivo

nada comprendo aún sobre mi ser

me siento arrancado de mi dulce sueño
contraigo mis perplejos músculos
mis oídos padecen el enjambre
me domina el terror

quiero el retroceso de mi parto brutal
quiero mi tibio útero
quiero mi infinita paz
quiero de nuevo mi inexistencia
quiero de nuevo mi eternidad


La laguna atestada




Salí de la laguna barrosa y atestada,
retirándome a su debido tiempo.

Aplacaba mi sed  
agua pisoteada,
agua de charco.

En la escasez surgían
brutales forcejeos,
sinrazones del instinto.

Salí a buscar aquel lejano río que conozco,
en donde curan frescos remolinos
mi humor y mi esperanza,
y donde bebo de la azul corriente
con la cuchara de mis propias manos,
donde las horas se distienden
en los abrazos de una vida gravitante,
y donde vuelan las sublimes mariposas
en la humedad de mis retinas.

Salí de la laguna, exánime,
con mi rostro de barro,
por tanto tiempo de manada
que me impedía un baño de mí mismo.


Alternativas del destino




Esta tarde, soporta el alma el duro
parpadeo del día,
ante el sol en cadenas, el panorama oscuro
y el silencio en viscosa sinfonía.

Pareciera que el dios ya no reclama
los fuegos del coraje,
y es cada día más exánime la llama
que busca redimirte del ultraje.

¿Dónde fue tu feliz premonición?
¿Caíste en los ingratos remolinos?
¿Quieres aún lo que el espíritu requiere?

Consciente de su meta, la razón
percibe los innúmeros caminos,
y es la duda de optar la que sin fin la hiere.