sábado, 5 de septiembre de 2015

Retorno




Retornar a las mismas aguas estancadas,
a la misma llaga que nunca cicatriza,
con la certeza de que el cuerpo
sigue sumado fríamente
a los giros orbitales del planeta.  

Aunque, pensándolo bien,
no se trata, precisamente, de un retorno
sino de una huida abortada.

Para entenderlo mejor:
se trata del despertar
de un sueño que no veía lo distinto. 

Para entenderlo mejor todavía:
se trata del despertar cautivo  
luego de soñar el cautiverio.

 Retornar a la insensatez
de buscar en el lugar ya registrado.


Arte poética




En aguas de la luz, con fiel arrojo,
discurro los recónditos lugares,
buscando cuentas claras de collares
oscurecidas más allá del ojo.

Aprendizaje del grito




Cae una lluvia eterna en el crepúsculo,
crepitante desde el ayer,
y baña los desvelos de mi espíritu.

Los antiguos deseos, las amargas
esperanzas cesantes, mis sombrías
turbaciones en los espejos.

Las penas del amor remotas
hieren el pecho de esta noche yerta,
y lloran por sus luces miserables.

Ahora que el dolor ha madurado
y hace punzar el alma sin abrirla,
debo aprender los gritos en silencio.


A ti, mi compañera.





Consiénteme sacarte los zapatos
y expulsar con caricias
la causa de tu agobio, el trajín del empleo.

Deja que frote tus menudos pies
—pulcras palomas—,
mi activa compañera de batir adversidades.

Porque juntas arresto en las mañanas
para vencer el surco y heñir el pan del día,
apóyate en mi hombro,
reposa mientras late
mi corazón enamorado.

Dulces sueños, mujer. . . Cuando despiertes,
escucharé gustoso
la narración de tu rutina.