viernes, 4 de septiembre de 2015

Asfixia urbana




Quiero ahuyentar de mí
a mi ángel de la guarda,
su sobreprotección,
su excesiva conciencia.

Perder en el casino
fondos que no poseo,
batir con mi automóvil
grandes velocidades,
beber ríos de wisky,
cortejar prostitutas,
bailar toda la noche
ritmos desenfrenados,
reprimir mi quimera
con horas de placeres,
regresar a mi cuarto
cuando despunta el alba,
y dormir como un muerto
durante todo el día.


Oficio de poeta preceptivo



Bregar por la simétrica estructura,
por la cifrada luz de ignota estrella,
verter el corazón la sangre aquella
sobre el verso de blanca partitura.

Los horarios regir a tu albedrío
venciendo la indolencia acosadora,
e implorar a la musa seductora
su desnudo impudor a tu extravío.

Cada día, invocar con alabanzas
los métricos esquemas y sus dones,
saltando los vetustos eslabones
para empuñar las inmortales lanzas.

Y en la quimera que te dé la suerte,
ebrio de azul, el ritmo hasta la muerte.


Definiciones




                                                                                           A Esteban Granado


Hola.
Hola es una sensación de mecánica incomodidad mutua.
Sonrisa es una mueca de agradecimiento al cosquilleo interior.

Desencanto




Abrazados, temblorosos,
nos hundimos jadeantes
en las caricias amantes
y los besos tormentosos.

Frente al portón de tu casa,
en la vereda vacía,
siento que debes ser mía,
pues la fiebre nos abraza.

Inmutable el firmamento
en su grandeza infinita,
sola una estrella palpita
desolada y sin aliento.

La pasión encadenada
a mi corazón enciende,
y poco a poco pretende
tu agonía enamorada.

Silencio de noche oscura,
un dios sensual al acecho
reclamando que en el lecho
se desate la locura.

Anhelo entrar. El derroche
de caricias me devora.
Me detienes, miras la hora
y me dices: “no esta noche”.


Del fuego que encendiste


¿Que de dónde me nace  
tanto deseo brusco:
urgencia de tu boca,
instinto de asediar tus noches
con el fauno que llevo en las entrañas?

¿De dónde la pasión de hundirme
en la sal de tus sábanas alertas,
amaneciendo invicto de tu rosa,
dichoso amante en el cansancio?

Anarquista en las calles de tu cuerpo,
soy memoria que puede recordar
sólo el suplicio de la sed,
cuando fuiste la nube que traía  
promesa de aguacero en la distancia.

Y me preguntas tú, ¿de dónde…?


Nocturno


Creo sentir, en estas horas,
la más escasa multitud del hombre.

Al crepúsculo empiezan a llorar las rosas
como si en el barranco mismo de la muerte se cayeran
con el aroma de la tierra
recién mojada, y la alarma del grillo
ante la tensa y helada tiranía en los rincones.

Vuela la sirena de una ambulancia.
En el cuarto de arriba, suenan la guitarra y la voz
eterna de Jim Morrison, y de nuevo la luna
y sus paños en mi ventana. De nuevo la añoranza.

Lentamente el ahogo emerge del navío naufragado
y se eleva hacia el cielo pardo y taciturno,
y en el jardín se apagan todas las antorchas,
y el tembloroso aroma de las azucenas se refugia
en el rincón más libre de corriente de aire del garaje.
Este año el invierno muerde.

Como el amor de Cristo coronado,
como un parque de juegos infantiles,
como los manantiales rapsodas de las cordilleras,
como el mutismo misterioso del deseo
que oscurece la noche
y apaga los espejos quemantes.

Tus pechos, hermosas palomas, duermen
sobre el follaje de mis ruinosas amapolas,
y ningún alambre en el cielo, ningún cable en mi panorama.
Todo cuanto está vivo es una lámpara sin protección.

Tu rostro ajado llega y me muestra la pátina perdida de la sala,
se despeña con sus lejanas risas habituales,
y deja su ventana bien abierta
donde un doliente adiós observa desde allá.

Hubo un setiembre eterno nuestro
en una habitación de resplandores,
sublime como el ateísmo que desea
echarse de rodillas. Ni tú ni yo lo recordamos ya.

Se alargan los árboles de la noche, y huyen sus aves
de mi boca. En el silencioso río de la calle
va muriendo el silbido solitario de un hombre en paz,
y mi alma embotellada
flota hacia el mar del gran descanso.



Petrarca


 Francesco Petrarca ( 20/07/1304 – 19/06/1374)


Inmortalmente herido por la flecha
de Cupido –dios sádico y bromista-,
un viernes santo -infortunada fecha-,
emprende la quimérica conquista.

El canto dulce de incesante endecha
desoye Laura y niega la entrevista,
mas la ilusión del vate firme acecha
mientras esculpe su laurel de artista.

¿Fue Amor el que produjo tantos daños
a la pasión, al sentimiento puro,
la perturbada fuerza que lo anima?

¿O acaso fue su vida, en esos años,
artería que enuncia: “Yo no abjuro
de este amor como esencia de mi rima”?


Diosa coronada




Era yo un dios náufrago
voluptuosamente anclado en su cama,
y la sal
de sus olas níveas
y el efluvio del misterio
eran mis aromas.

A veces, cavernario, observaba
sus muslos a la lumbre y al aceite,
su ensoñación de ave entre mis manos,
su risa que afilaba las piedras,
y la amaba
con la dicha que hace vencer las intemperies.

"Ah, traviesa gacela de las horas del día."

Cuando todos mis esfuerzos
confluyeron en su boca,
me hice omnipotente entre sus sábanas,
y a ella le nació
una diadema de diosa entre las sienes.